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Sentencia A.P. Granada 186/2010, de 19 de marzo


 RESUMEN:

A la sensación de dudosa sinceridad que merece al tribunal la declaración de la víctima en este caso, por las razones que expone la sentencia se une la actitud de dicha testigo a decalrar en el juicio. Su incomparecencia sin causa justificada en el posterior señalamiento obligó a la suspensión del acto y a una segunda convocatoria, a la que acudió gracias al efecto persuasivo del acompañamiento policial que se ordenó.

SENTENCIA

En la ciudad de Granada, a diecinueve de marzo de dos mil diez, la Sección Segunda de esta Ilma. Audiencia Provincial, formada por los Sres. Magistrados al

margen relacionados, ha visto en juicio oral y público la Causa núm. 18/2008 dimanante del Sumario núm. 2/2008 del Juzgado de Instrucción núm. 9 de Granada, seguida por supuesto delito de agresión sexual-violación contra el acusado Cornelio, natural de Granada, nacido el día 7 de noviembre de 1953, hijo de Enrique y Patrocinio, con DNI núm. [...] y domicilio en Güevéjar (Granada), c/ [...], en situación de libertad provisional por esta Causa de la que estuvo cautelarmente privado el día 7 de marzo de 2007, representado por la Procuradora D.ª Carmen Martínez Checa y defendido por el Letrado D. Rafael Martínez de las Heras en sustitución de la Letrada D.ª Pilar Rondón García, ejerciendo la acusación pública el MINISTERIO FISCAL representado por D. José María Suárez-Varela Higueras.


ANTECEDENTES DE HECHO


 
Primero.-Con fecha 17 de marzo de 2010 ha tenido lugar en la Sección Segunda de esta Audiencia Provincial la vista, en juicio oral y público, de la Causa seguida por supuesto delito de agresión sexual (violación) contra el acusado arriba reseñado.

Segundo.-El Ministerio Fiscal, en trámite de conclusiones definitivas, calificó los hechos como constitutivos de:

a.- un delito continuado de agresión sexual de los art. 178, 179 y 74 del Código Penal, y

b.- una falta de lesiones del art. 617.1.º del mismo texto legal,

reputando autor al acusado Cornelio, sin concurrir circunstancias modificativas, interesando se le impusiera las penas siguientes:

Por el delito a -., diez años de prisión y accesoria legal, y

Por la falta b-., diez días de localización permanente,

pago de costas, e indemnizara a D.ª Socorro en la cantidad que se determinara en ejecución de sentencia por día de sanidad a razón de 60 euros diarios, más otros 6.000 euros por daño moral.

Tercero.-La Defensa del acusado, en igual trámite procesal, interesó la libre absolución de su patrocinado.

Cuarto.-En la tramitación del presente procedimiento se han observado las prescripciones legales, siendo ponente la Magistrada D.ª María Aurora González Niño.


HECHOS PROBADOS

De las pruebas practicadas, apreciadas en conciencia, resulta probado y así se declara que sobre las 2 horas del día 3 de marzo de 2007 coincidieron en el club de alterne "Caprice", sito en una calle céntrica de la ciudad de Granada, Cornelio, de 53 años de edad y con antecedentes penales por delitos contra la seguridad del tráfico, y la ciudadana rusa Socorro, de 38 años de edad, y tras el invitar el primero a la segunda a una copa, acordaron trasladarse hasta el domicilio de Cornelio en la localidad de Güevéjar, próxima a la capital, para mantener una relación sexual a cambio de un precio que no consta si fue determinado y/o pagado en ese momento.

Una vez en casa de Cornelio, ubicada en c/ [...], de dicha población, ambos mantuvieron una relación sexual completa con coito vaginal en el dormitorio de la vivienda, terminada la cual Cornelio se quedó dormido hasta las 7 horas de la mañana siguiente, tras lo cual llevó a Socorro de vuelta a Granada capital en su propio automóvil a la dirección que aquélla le indicó.

Presentada D.ª Socorro en Comisaría de Policía a una hora no determinada de la noche de ese mismo día con la intención de denunciar a Cornelio por agresión sexual, fue derivada al servicio de ginecología del Hospital Clínico San Cecilio de Granada donde fue atendida por la ginecóloga y la médico-forense de guardia, quienes comprobaron que la paciente presentaba las siguientes lesiones externas: contusión con ligero eritema en hemicara izquierda con dolor a la palpación, eritema ligero sin dolor en malar derecho, contusión con ligera inflamación en el hombro izquierdo, y dos arañazos superficiales y paralelos en escápula derecha, sin que detectaran lesión alguna en el cuero cabelludo que pudiera proceder de algún tirón del pelo, ni lesiones internas de ninguna clase en los genitales, ni marcas o signos de golpes o de presión en piernas, muslos ni brazos que pudieran indicar maniobras de sujeción.


FUNDAMENTOS DE DERECHO


 
Primero.-Los hechos declarados probados, extraídos como no podría ser de otra forma de la valoración conjunta y en conciencia de la prueba practicada en el acto del juicio oral conforme a las exigencias del art. 741 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, no pueden ser constitutivos del delito continuado de violación ni de la falta de lesiones de que el Ministerio Fiscal acusa al procesado Cornelio con arreglo a los art. 178, 179 y 74, y 617-1.º, respectivamente, del Código Penal, pues las indicadas pruebas se muestran insuficientes para desvirtuar la presunción de inocencia que asiste al acusado con la eficacia y el rigor que reclama la protección constitucional de ese derecho fundamental, habida cuenta de las importantes dudas que suscita en el ánimo de este Tribunal el resultado de la prueba de cargo presentada por la acusación pública, incompatibles con la exigencia de una convicción segura sobre la culpabilidad del reo.

La única prueba de directa de cargo presentada en juicio por el Ministerio Fiscal, la declaración testifical de la denunciante y presunta víctima, D.ª Socorro, presenta desde luego numerosas lagunas no esclarecidas satisfactoriamente por la propia interesada cuando, requerida al efecto, no supo o no pudo transmitir la firmeza y seguridad necesarias en la versión un tanto confusa e incongruente que de los hechos ofreció. Su tenaz resistencia a reconocer que su encuentro con el acusado en el club de alterne, y su posterior viaje hasta el domicilio de éste a esas horas avanzadas de la noche, obedeció al ofrecimiento de sus servicios sexuales a cambio de un precio, como finalmente tuvo que admitir aún a regañadientes durante su interrogatorio en juicio, y no a la absurda historia que relató en su denuncia en la que no obstante siguió insistiendo confusa y desordenadamente durante el acto del juicio oral (que se habría trasladado hasta el domicilio del acusado para conocer en qué consistiría el trabajo de empleada doméstica que él le habría ofrecido, para conducirla engañada hasta su terreno y consumar sin su consentimiento y por la fuerza la relación sexual), ha empañado también en similares términos de incoherencia la verosimilitud del resto del relato de los hechos.

En efecto, la tesis que el Ministerio Fiscal sostiene en el relato fáctico de su escrito de calificación, que mantuvo íntegro al formular sus conclusiones definitivas en juicio asumiendo los hechos narrados por la Sra. Socorro en su denuncia, es que una vez en el domicilio de Cornelio, al que ella se habría avenido a acompañarle para interesarse por el trabajo de empleada doméstica que el otro le ofreció, y sin poder ella sospecharlo, el acusado cerraría por dentro la puerta para impedir cualquier posibilidad de escapar a su encerrona, le indicaría que quería hacer el amor con ella y, como ella mostrara su voluntad contraria, él la golpearía en la cara y la cabeza, la arrastraría del cabello hasta la cama, allí la obligaría a practicarle una felación sujetándole fuertemente por el cabello y golpeándola, y ya finalmente la penetraría vía vaginal hasta eyacular; y que consumado el acto, la dejó tirada sobre la cama, advirtiéndole él que como intentara denunciarle la mataría, lo que le reiteraría después una vez la dejó en las proximidades de su domicilio.

Sin embargo, el relato de la denunciante durante el juicio se aparta sustancialmente de la denuncia para, después de generar esa confusión sobre el objetivo con el que se desplazó con el acusado a su domicilio, y admitiendo a duras penas que una vez allí hubo negociaciones entre ambos sobre el precio a cambio del cual ella estaba dispuesta a prestarle servicio sexual, mostrándose evasiva, una vez más, sobre los términos del trato y el acuerdo al que pudieran haber llegado, contar una historia como poco inverosímil sobre lo que sucedió a continuación; así, asegura que, aunque hablaron del precio sin llegar a concretar nada, el acusado se mostró solícito y amable con ella, le ofreció una copa, charlaron sobre el precio aunque no llegaron a un trato concreto, todo en términos amistosos, pero, en un momento determinado, el acusado se metería en el cuarto de baño, del que transcurridos unos veinte minutos saldría transformado en otra persona irracional e injustificadamente violenta pues, sin mediar nada más entre ellos, se abalanzaría sobre ella, le agarraría del cabello, la llevaría a rastras de esa guisa hasta el dormitorio, allí la arrojaría sobre la cama y, haciendo gala de una violencia inusitada, le golpearía la cabeza unas siete u ocho veces contra el cabecero, siempre teniéndola agarrada por el pelo, hasta que ella, vencida por el terror -de hecho, llegaría a orinarse de puro miedo- y para evitar siguiera golpeándola o algo peor, accedería ya sin resistencia a practicarle una felación y después permitiría que su agresor la penetrara vaginalmente. Seguidamente y antes de quedarse dormido, el acusado volvería a su estado de normalidad e incluso se mostraría una vez más amable con ella, aunque en el viaje de vuelta a Granada, cuando ella le dijo que podría denunciarle por lo que le había hecho, el otro le contestó que también él podría matarla.

Segundo.-A la sensación de dudosa sinceridad que la denunciante merece a este Tribunal por las razones que se acaban de exponer, se ha de unir también su actitud renuente a declarar como testigo en el juicio, cuya incomparecencia al primer señalamiento sin causa justificada obligó a la suspensión del acto y a una segunda convocatoria, a la que ya acudió gracias al efecto persuasivo del acompañamiento policial que se ordenó.

Pero existe un dato adicional que aún contribuye más a la duda de la verosimilitud de la agresión sexual denunciada, cual la falta de correspondencia entre los actos de violencia física ejercida sobre D.ª Socorro para aterrorizarla y someterse a las exigencias sexuales del acusado según su versión en juicio, conforme a la cual habría recibido una auténtica paliza, y los levísimos signos externos de violencia que presentaba en su cuerpo, en modo alguno concluyentes sobre el mecanismo de producción de acuerdo con la pericial médico-forense practicada: si el principal medio de sujeción de que se valió el agresor para arrastrarla hasta el dormitorio, y para golpearla sin piedad y repetidamente contra el cabecero de la cama, fue agarrarle del cabello, lo natural es que hubiera presentado alguna lesión visible en el cuero cabelludo, y nada de eso se detectó por la perito médico al examinarla. Lo mismo se puede decir de la salvaje agresión descrita por D.ª Socorro, pues no presentaba una sola señal en las partes salientes de la cabeza, por leve que pudiera ser, indicativa de que se la golpeara repetidamente contra un objeto duro como puede ser esa pieza del mobiliario. Por el contrario, poco antes de transcurrir veinticuatro horas de la supuesta agresión, las únicas lesiones que D.ª Socorro presentaba eran un ligero enrojecimiento (eritema) en el lado izquierdo de la cara, otro ligero enrojecimiento en la zona malar derecha de la cara, una ligera inflamación en el hombro izquierdo de la cual no se podía conocer ni el origen ni la data, y dos arañazos recientes y superficiales en el omóplato derecho probablemente causados con uñas dada su disposición paralela, tal y como indicó la médico-forense Dra. Noelia durante la emisión de su informe pericial en el acto del juicio oral, ninguna de ellas, según parecer de la perito, compatible con el hecho de golpearse la cabeza repetidamente contra el cabecero de una cama.

A semejante constatación se suma la circunstancia añadida de la deficiente investigación policial, omitiendo cualquier diligencia de inspección ocular de la escena del hecho a la busca de señales de lucha, indicios de violencia, o muestras orgánicas que pudieran corroborar la realidad del ataque relatado por la denunciante.

Tercero.-Este Tribunal no deja de valorar la posibilidad de que algo de cierto puede haber en la versión ofrecida por D.ª Socorro al no haber podido aflorar en el acto del juicio oral motivaciones tórpidas o espurias en ella que le condujeran a imputar al acusado en falso unos hechos delictivos tan graves como los que denunció; también es posible que el empleo de un intérprete de su idioma materno, el ruso, para trasladar al español sus manifestaciones cada vez que ha declarado en esta Causa, pueda haber oscurecido la fidelidad entre lo declarado y lo traducido, o contribuido negativamente al necesario entendimiento entre la declarante y el interrogador en cada momento. O, en fin, también pudiera ser la vergüenza o, simplemente, la sensación de que recibiría menos credibilidad su testimonio si admitía abiertamente que se dedicaba o, al menos, que aquella noche estaba ejerciendo la prostitución, haya impulsado a D.ª Socorro a enmascarar la verdad mostrándose tan esquiva en su declaración.

Pero negados los hechos rotundamente por el acusado no obstante admitir desde el primer momento que hubo una relación sexual con la denunciante, si bien fruto del acuerdo de ambos por el que asegura ya pagó por anticipado 150 euros en el club de alterne donde entablaron contacto, sin haberla golpeado de ninguna manera a lo largo de su encuentro, tampoco se puede considerar descabelladas las razones en las cuales aventura el acusado la justificación de la denuncia: el desacuerdo en el importe del servicio sexual una vez prestado, ante la exigencia de D.ª Socorro de que le pagara 200 euros más, al ser precisamente en ese punto, el precio de la relación sexual, donde más oscuridad arroja la declaración testifical de la denunciante y en donde se ha mostrado más evasiva pese a las reiteradas solicitudes de aclaración por esta propia Sala durante su interrogatorio en el acto del juicio oral.

En suma, es este caso no hemos alcanzado en conciencia el convencimiento preciso sobre la culpabilidad del acusado que exige el pronunciamiento de un fallo condenatorio con la imprescindible certeza más allá de cualquier conjetura o sospecha; y existiendo dudas razonables acerca de si hubo o no entre la denunciante y el acusado una relación sexual con penetración bucal y vaginal contra la voluntad de la mujer doblegándola mediante el empleo de violencia, cual requiere en esencia el tipo penal de la violación del art. 179 del Código Penal objeto de la acusación del Ministerio Fiscal, procederá el dictado del pronunciamiento absolutorio que ya se anticipaba al inicio de esta exposición.

Cuarto.-Siendo absolutorio el pronunciamiento de sentencia, deberán declararse de oficio las costas procesales (art. 240-1.º de la L.E. Criminal y 123 del Código Penal "a sensu contrario").

VISTOS los preceptos citados y demás de aplicación,


FALLAMOS


 
Que debemos absolver y absolvemos libremente al procesado Cornelio del delito de violación de que se le acusa en esta Causa, declarando de oficio las costas procesales causadas.

Así por ésta nuestra sentencia, contra la que cabe preparar recurso de casación para ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo en el término de cinco días, como previenen los artículos 855 a 857 de la LECr., lo pronunciamos, mandamos y firmamos.


Este documento reproduce el texto oficial distribuido por el Centro de Documentación Judicial (CENDOJ). Lex Nova se limita a enriquecer la información, respetando la integridad y el sentido de los documentos originales.
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