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Sentencia A.N. 48/2010 de 26 de julio


 RESUMEN:

Delito de colaboración con organización terrorista: Existencia de pruebas de cargo. Torturas: Ausencia de pruebas que las acrediten.

SALA DE LO PENAL

SECCIÓN CUARTA

Teléfono: 91.397.32.78

Fax: 91.397.32.77

ROLLO DE SALA N.º4/09

SUMARIO N.º1/09

ÓRGANO DE ORIGEN: JUZGADO CENTRAL DE INSTRUCCIÓN N.º1

ILMOS. SRES. MAGISTRADOS:

D.ª ÁNGELA MURILLO BORDALLO (PRESIDENTE Y PONENTE)

D.ª TERESA PALACIOS CRIADO

D. JUAN FRANCISCO MARTEL RIVERO

SENTENCIA N.º48/2010

En Madrid, a veintiséis de julio de dos mil diez.

Vista en juicio oral y público la causa referenciada en el margen izquierdo del encabezamiento de esta resolución, seguida por los trámites de Sumario Ordinario, seguido en el Juzgado Central de Instrucción n.º1, con el n.º1/2009, por presunto delito de colaboración con organización terrorista.

Han sido partes en el presente procedimiento:

- Como acusadora: El Ministerio Fiscal, ejercitando la acción pública que ostenta, representado por la Ilma. Sra. D.ª Carmen Monfort March.

- Como acusada: Los procesados siguientes:

- Araceli, nacida el 1 de noviembre de 1978 en Baracaldo (Vizcaya), hija de Jon y de Elvira, con D.N.I. NUM000, con domicilio familiar en la c/ DIRECCION000 NUM001 - NUM002., NUM003 de la localidad de Getxo (Vizcaya), representada por el procurador de los tribunales D. Javier Cuevas Rivas y defendida por la letrada D.ª Haizea Ziluaga Larreategui.

- Juan Enrique, nacido el 24 de septiembre de 1983 en Guernica (Vizcaya), hijo de Bittor y Ana María, con D.N.I. NUM004, y con domicilio en Getxo (Vizcaya), representado por el procurador D. Javier Cuevas Rivas y defendido por el letrado D. Pedro María Landa Fernández.

- Baltasar, nacido el 22 de agosto de 1969 en Baracaldo (Vizcaya), hijo de Mariano y de María Pilar, con D.N.I. NUM005, con domicilio en la localidad vizcaina de Leioa, c/ DIRECCION001 NUM006, NUM002, NUM007 representado por el procurador de los tribunales D. Javier Cuevas Rivas y defendido por la letrada D.ª Haizea Ziluaga Larreategui.

- Rosa, nacida el 30 de septiembre de 1951 en Baracaldo (Vizcaya), hija de Antonio y Mercedes, con D.N.I. NUM008, con domicilio en la c/ DIRECCION002 NUM009 de la localidad vizcaina de Getxo, representada por el procurador de los tribunales D. Javier Cuevas Rivas y defendida por los letrados D. Juan Carlos Zelaia Astonidoa y D. Juan José Martínez Leunda.

- Azucena, nacida el 20 de julio de 1974 en Baracaldo (Vizcaya), hija de Francisco y de M.ª Isabel, con D.N.I. NUM010, y con domicilio en la c/ DIRECCION003 NUM011, NUM012, NUM013 Berango (Vizcaya), representada por el procurador de los tribunales D. Javier Cuevas Rivas y defendida por el letrado D. Alfonso Zenón Castro.


ANTECEDENTES DE HECHO


 
Primero.-El día 14 de enero de 2009 por el Juzgado Central de Instrucción n.º1 se procedió a la incoación del Sumario Ordinario, que fue registrado con el n.º1/2009 en cuyo ámbito, por auto de 24 de marzo de 2009 se declararon procesados a Araceli, Juan Enrique, Baltasar, Rosa y Azucena.

Dicho Sumario se declaró concluso por auto de 19 de mayo 2009, ordenándose la remisión de las actuaciones a esta Sección Cuarta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional.

Segundo.-Tras la revocación del mismo para la práctica de diversas diligencias, las actuaciones retornaron a la Secretaría de este Tribunal, confirmándose el nuevo auto de conclusión por resolución de la misma clase de 14 de octubre de 2009, pasándose la causa a las partes procesales para el trámite de instrucción, y una vez se evacuó éste, se hizo lo propio para la calificación provisional.

Tercero.-El Ministerio Fiscal, en su escrito de conclusiones provisionales, calificó los hechos como constitutivos de las figuras delictivas siguientes:

1) Los hechos objeto de acusación son constitutivos de un delito de colaboración con organización terrorista, previsto y penado en el artículo 576 y 579.2 del Código Penal.

2) Responden como autores del art. 28 los procesados Araceli, Baltasar, Juan Enrique, Rosa y Azucena.

3) No concurren circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal.

4) Procede imponer:

- SIETE AÑOS DE PRISIÓN para Araceli.

- CINCO AÑOS DE PRISIÓN al resto de los procesados.

- Multa de DIECIOCHO MESES a razón de 10€ diarios.

- Inhabilitación absoluta durante DOCE AÑOS.

- Accesorias y costas.

Las representaciones procesales de los procesados, evacuando el mismo trámite, negaron las correlativas del Ministerio Fiscal, manteniendo que sus representados no habían cometido delito alguno y solicitando en consecuencia con ello, la libre absolución de los mismos.

Cuarto.-Por auto de fecha 14 de octubre de 2009 se abrió juicio oral, y por auto de fecha 16 de febrero de 2010 se declararon pertinentes las pruebas propuestas, y para la celebración de juicio oral se señalaron los días 25, 26 27 y 28 de mayo.

El acto se celebró, y en su transcurso las partes elevaron sus conclusiones provisionales a definitivas.


HECHOS PROBADOSLos procesados Araceli, Rosa, Juan Enrique y Baltasar, todos ellos mayores de edad y sin antecedentes penales, guiados por el deseo de coadyuvar con las actividades y los fines de la organización terrorista E.T.A., protagonizaron las siguientes conductas que pasamos a exponer.

A) A mediados del mes de julio de 2008, Rosa se puso en contacto telefónico con Araceli, solicitándole mantener con ella una cita en el bar "Barrutik" de Berango (Vizcaya), cita que tuvo lugar y en cuyo transcurso la primera manifestó a la segunda que un joven, miembro huido de dicha organización terrorista, hasta entonces había permanecido escondido en un piso, pero recientemente lo habían expulsado del mismo y se encontraba en situación de absoluto desamparo, en la calle.

Rosa solicitó de Araceli que ésta ocultara a dicho joven en el piso que habitaba, junto con su compañera y dueña de la vivienda, Azucena, también procesada en esta causa, vivienda ubicada en la DIRECCION003 NUM011 de Berango.

Araceli no puso ninguna objeción a ello, si bien hizo saber a su interlocutora que tendría que consultar con su compañera Azucena si ésta consentía el alojamiento de un individuo en la vivienda indicada, sin que conste que a esta última la repetida Araceli le indicara algo respecto a las circunstancias del futuro huésped.

Azucena no puso inconveniente alguno.

Por ello, Alonso pasó a ocultarse en este domicilio, donde permaneció desde finales del mes de julio hasta el 15 de noviembre de 2008, siendo asistido de forma continua por Araceli, que le proporcionaba las prendas que precisaba, libros, etc.

El 15 de noviembre de 2008 Alonso debería ser trasladado a Francia, y en concreto a la localidad de Luquet, donde a las 18 de sus horas, lo recogerían otros individuos. Y todos estos extremos la procesada Rosa los puso en conocimiento de Araceli, la cual también fue advertida por la anterior de que debería buscar a otra persona que participara en estos cometidos. Y Araceli la halló en el procesado Juan Enrique, el cual, tras ser oportunamente aleccionado de la necesidad de trasladar a Francia a Alonso, pues en nuestro país estaba siendo buscado por las fuerzas policiales españolas por su presunta integración en la organización terrorista E.T.A., se ofreció de manera incondicional, para intervenir de manera eficaz en tal traslado.

En sucesivas reuniones los procesados Juan Enrique, Rosa y Araceli, trataron y concretaron las medidas que adoptarían en el transcurso de la ida y venida de dicho viaje, acordándose que los dos primeros mencionados actuarían como lanzaderas, mientras que Araceli y Alonso circularían detrás de éstos.

Como medidas de seguridad, concretaron: utilizar vehículos ajenos, así como teléfonos móviles también no propios, desde los cuales realizarían del primer al segundo vehículo llamadas perdidas, o mensajes SMS según las circunstancias que pasamos a detallar: si los ocupantes del vehículo lanzadera observaban en su trayecto controles policiales, transmitían a los que le seguían mensajes tales como: "hay atasco en la localidad", o, "hay mucho tráfico en la localidad". Por el contrario, si los primeros detectaban que la vía se encontraba libre de obstáculos, los ocupantes del primer vehículo realizaban a los del segundo llamadas perdidas.

Así, y sin padecer los referidos ningún tipo de contratiempo, llegaron a Luquet, localidad en la que Araceli condujo a Alonso hasta el lugar exacto del encuentro con los otros individuos.

Una hora más tarde, y tras cerciorarse Araceli de que Alonso había sido recibido y recogido por estas personas, ésta, junto con Rosa e Juan Enrique regresaron a nuestro país, sin sufrir ningún tipo de incidencias.

- Fue el 8 de diciembre de 2008 cuando la acusada Araceli vuelve a protagonizar los mismos acontecimientos que los acaecidos el 15 de noviembre del mismo año, trasladando a Francia por carretera a Justiniano, individuo también perseguido por las fuerzas policiales españolas por su presunta vinculación a la organización terrorista E.T.A.

En esta ocasión no tuvo intervención alguna Rosa, pero sí Juan Enrique, y el procesado Baltasar.

Estos segundos hechos se produjeron de la siguiente manera.

En los primeros días del mes de diciembre del mismo año, 2008, encontrándose Araceli en un bar del local de "Gestoras Pro Amnistía", vio allí a Juan Enrique, y dirigiéndose a éste le comunicó que ella debía trasladar a Francia a otro individuo, pues estaba siendo perseguido por la policía española por su presunta integración en E.T.A., y necesitaba imperiosamente la ayuda de otra persona para que, conduciendo un vehículo, realizara funciones de lanzadera.

Como en la anterior ocasión, Juan Enrique aceptó sin reservas desempeñar dicho cometido; en él también participó el procesado Baltasar.

El referido Baltasar recibió el ofrecimiento de intervenir en los hechos que describiremos de un amigo suyo, llamado Argimiro, y apodado " Botines ", el cual puso en su conocimiento la necesidad de trasladar a Justiniano a Francia, ya que el mismo estaba siendo objeto de un férreo control por las fuerzas policiales de nuestro país, al estar relacionado con la organización terrorista E.T.A., cuestión que Baltasar conocía a través de los medios de comunicación.

Tras aceptar este procesado participar en el traslado referido, Argimiro le proporcionó unos mapas de Francia, concertándole una cita con Araceli e Juan Enrique, a celebrar el 5 de diciembre.

Dicho encuentro tuvo lugar el día señalado en el bar "Lainoa", y durante el mismo, los tres congregados acordaron que, como medida de seguridad -al igual que en el anterior traslado- deberían utilizar vehículos y teléfonos móviles ajenos para evitar levantar cualquier tipo de sospechas; así como que Juan Enrique y Baltasar circularían en el vehículo lanzadera, emitiendo desde el mismo mensajes SMS o llamadas perdidas, según las circunstancias explicitadas anteriormente, a Araceli, que circularía detrás de ellos junto con Justiniano, siendo el encargado de hacerlo Baltasar, pues Justiniano iría conduciendo el vehículo.

De esta forma, y con todo calculado y medido, el día 8 de diciembre de 2008 los tres procesados emprendieron viaje a Francia, llevando Araceli en el vehículo Skoda a Justiniano, siendo antecedidos por el vehículo lanzadera Opel Zafira, ocupado por Juan Enrique y Baltasar, vehículos ambos de pertenencia ajena a ellos.

Y con éxito, pues efectivamente llegaron a la localidad francesa de Bigorre, donde en las proximidades de la iglesia Bagnere debería apearse Justiniano, pues en dicho preciso lugar -y según todo lo acordado- habría de reunirse éste con otros individuos, y sería recogido por los mismos.

Como contraseña identificativa Justiniano debería portar visiblemente una palmera de chocolate.

Araceli dejó a Justiniano en dicho lugar, dirigiéndose después al bar donde se hallaban esperándole Juan Enrique y Baltasar. Pero más tarde Araceli, para asegurarse del objetivo cumplido, retornó a las inmediaciones de la iglesia Bagnere, pudiendo constatar que Justiniano no se encontraba allí, lo que para ella suponía que el descrito viaje y los frutos del referido encuentro habían culminado con pleno éxito, razón por la cual Araceli volvió al establecimiento en el que la esperaban sus compañeros, disponiéndose los tres a regresar a España con el objetivo cumplido.

Mas en esta ocasión los tres referidos venían siendo objeto de vigilancias y seguimientos por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, montando el correspondiente dispositivo, merced al cual los guardias civiles con carnet profesional NUM014 y NUM015 observaron como el 8 de diciembre de 2008 un vehículo Opel Zafira ocupado por dos hombres, seguidos de un turismo Skoda, en el que viajaban un hombre y una mujer, atravesaron la frontera franco-española y se adentraban en Francia, dirigiéndose a la localidad de Bigorre, a donde llegaron, percatándose los agentes que los ocupantes del Skoda se desplazaron hasta las inmediaciones de la iglesia Bagnere, decidiendo dichos agentes apostarse en las cercanías de dicho lugar.

Así, éstos pudieron percatarse como el varón -que resultó ser Justiniano - se apeaba del vehículo, y portando en una de sus manos una palmera de chocolate, permaneció allí en actitud de espera, en tanto que la mujer se ausentó conduciendo el Skoda.

Del mismo modo los referidos agentes observaron como, poco más tarde, llegaron a las proximidades de la iglesia dos individuos, a bordo de un vehículo, contactando con el mencionado Justiniano, tras lo cual los tres abandonaron el lugar, presenciando por último también los guardias civiles citados como minutos más tarde la mujer que conducía el turismo Skoda volvía a hacer acto de presencia en el mismo escenario durante breves instantes.

Tales eventos despertaron en los agentes actuantes fuertes sospechas relativas a que, tanto Araceli, como Juan Enrique y Baltasar regresarían sin dilación a España, razón por la cual aquéllos alertaron a otros miembros de la Guardia Civil de tal circunstancia.

Todo esto motivó que en Irún se montara el correspondiente dispositivo en orden a la detención de los tres procesados, como así sucedió poco después en la mencionada localidad fronteriza.


FUNDAMENTOS JURÍDICOS


 
Primero.-Resulta necesario a todas luces analizar con carácter previo, una cuestión, como es la siguiente:

- Existencia o inexistencia de torturas.

Muy posteriormente, analizaremos las cuestiones siguientes, traídas a colación por las defensas.

- Falta de acreditación de que los presuntos auxiliados y luego trasladados a Francia, Alonso y Justiniano fueran miembros o colaboradores de la organización terrorista E.T.A.

- En última instancia, y en el hipotético e improbable supuesto de que el Tribunal rechazara las cuestiones anteriores, -según los Sres. letrados- éstos entendían que los hechos no constituirían delito de colaboración con organización terrorista, previsto y penado en el artículo 576 del Código Penal, en relación con el artículo 579.2 del mismo cuerpo legal, porque -decían- la ocultación y el traslado de los dos referidos por parte de los acusados no tenía por finalidad colaborar con E.T.A., sino simplemente ayudarles a huir, y por ello nos hallaríamos ante un delito de encubrimiento respecto al primero de los acontecimientos relatados por el Ministerio Público en su escrito de conclusiones provisionales, y tentativa de encubrimiento, en relación con el segundo de los eventos también plasmados en dicho escrito.

Las cuestiones expuestas van a ser objeto de tratamiento específico y pormenorizado en fundamentos jurídicos independientes, pretendiéndose así una mayor claridad expositiva.

Segundo.-TORTURAS DENUNCIADAS EN EL ACTO DE JUICIO.

El tema relativo a las torturas se erigió en el eje central de la controversia en el acto del plenario, ya que tanto los acusados como sus respectivas defensas letradas mantuvieron a ultranza que dichas personas fueron objeto de horrendas torturas, desde el mismo instante en que se produjeron sus detenciones, hasta que fueron puestos a disposición de la autoridad judicial, ante la cual denunciaron el calvario padecido a manos de miembros de la Guardia Civil, que sólo perseguía arrancar de los mismos dichos autoinculpatorios e inculpatorios de los demás detenidos.

En el acto de la vista, los cinco acusados, haciendo uso de su derecho, consagrado a nivel constitucional, declinaron contestar a las preguntas del Ministerio Público, optando por responder sólo a las que les formulaban sus respectivas defensas, describieron ante este Tribunal, lo que -nos dijeron- les ocurrió. Realidad constatable con la simple visualización de los D.V.D., para todos aquellos que no estuvieron presentes en el plenario.

Siguiendo el orden de las declaraciones vertidas en el plenario, vamos a analizar ahora las que emitió la acusada Rosa.

- Rosa

Esta acusada, prorrumpiendo en llanto en varias ocasiones durante el interrogatorio que le formuló su defensa ante la Sala, comenzó diciendo que era profesora de música desde 43 años atrás en su ciudad natal, siendo por ello persona muy conocida, ya que, además ha venido participando en diversos festejos por su cualificación profesional.

Siguió relatando que nada tenía que ver con la organización E.T.A., estando en total desacuerdo con cualquier clase de violencia; y como su defensa no le dirigió una sola pregunta en relación con los hechos por los que viene siendo acusada Rosa no hizo la más mínima referencia a los mismos, centrándose exclusivamente en las torturas.

Así, contó que el día 10 de diciembre de 2008 fue detenida.

Dos personas la introdujeron en un vehículo de forma brusca, diciéndole "hija puta", colocándole una especie de capucha en su cabeza. En dicho vehículo iban dos personas que ocupaban los asientos del piloto y copiloto, y en la parte trasera, otras dos, colocando a la declarante en medio de las dos últimas.

Así iniciaron el viaje con destino a Madrid plagado de tormentos, en cuyo transcurso le golpeaban fuertemente en el rostro, mientras ella les suplicaba "no me pegues, que puedo ser tu madre". También le introdujeron la mano en el interior de una bolsa, en la que había un revolver, para que en el mismo aparecieran sus huellas, a la vez que le decían: "vieja puta, suicídate".

Finalmente llegaron a Madrid, conduciéndola hasta un edificio, que no podía describir, pues esa especie de capucha le impedía la más mínima visión; y después fue trasladada hasta un agujero, una dependencia donde padeció inimaginables torturas: le ordenaron que se despojara de todas sus prendas, de sus bragas y sujetador, lo que hizo la declarante, presa de terror. Seguidamente le amenazaron con introducirle un torno en sus órganos genitales, y cuando en determinado momento les comunicó su necesidad de ir al servicio, los individuos allí presentes, le dijeron, entre risas que "se cagara en el suelo y se limpiara el culo con los dedos".

La acusada dijo sentir gran pánico, ante tantas vejaciones y amenazas, pues hasta "le llegaron a tirar de los pelos del pubis".

Después de tan ignominiosos acontecimientos, la llevaron hasta la sala de interrogatorios, siendo allí obligada a declarar lo que estas personas le indicaron, a lo que ella accedió, tras los tormentos sufridos (declaraciones policiales que luego analizaremos).

La acusada Rosa culminó su declaración ante este Tribunal, advirtiendo que cuando depuso ante la autoridad judicial, ratificó sus anteriores declaraciones, no haciendo la más mínima referencia al suplicio sufrido, pero ello fue así porque previamente fue advertida de que si no mantenía la versión de los hechos que se plasmaba en sus declaraciones policiales "irían contra su hija", diciendo finalmente que estos fatales eventos "me han cambiado la vida".

Corresponde ahora ocuparnos de las declaraciones emitidas en juicio por

- Araceli

Esta acusada, al igual que ocurrió con la anterior, se nos presentó en la Sala como una mujer víctima de execrables acciones ejercidas por miembros de la Guardia Civil desde el mismo momento en que fue detenida.

Y como sólo decidió responder a las preguntas de su defensa letrada, y no a las del Ministerio Público, los hechos delictivos investigados en estas actuaciones, quedaron relegados, centrándose en las torturas, pues esta acusada, como sucedió con la anterior tan sólo dijo al respecto que nunca colaboró con E.T.A., ni trasladó a nadie que fuera miembro de dicha organización, para favorecerla.

Respondiendo a las preguntas de su defensa letrada Araceli, también entre lágrimas, nos describió sus sufrimientos: "cuando fui detenida no se me leyeron mis derechos, y de inmediato me colocaron un antifaz, introduciéndome en un vehículo, que fue ocupado por cuatro personas, siendo ubicada la declarante en la parte trasera, entre dos de ellos". Y nos decía Araceli: "me amenazaron diciéndome o hablas o torturas".

Describiendo las vicisitudes de dicho trayecto desde el lugar de su detención hasta Madrid, esta acusada manifestó que tras colocarle una capucha en su cabeza comenzaron a agredirle, a tocarla, a oprimirle sus senos, diciéndole que "estaban muy bien, pero que el de sus esposas le superaban". Después, le pusieron la bolsa impidiéndole así respirar, y cuando presentía que se asfixiaba, intentaba romperla con sus dientes. Estaba perdiendo el conocimiento, "como petrificada".

Siguió diciendo Araceli que, en tan lamentables condiciones físicas y psíquicas, llegó a Madrid siendo conducida a una especie de sala de tortura, donde la obligaron a desnudarse, a la vez que voces masculinas le decían: "te quiero ver las tetas y el coño". Después, entre sarcasmos, le dieron a elegir entre padecer "la bañera", "los electrodos" o "la bolsa", y ella aterrorizada decía: "¡ no!, ¡no!". También le indicaron que "eligiera entre la poya o la porra, pero por el culo", a la vez que con una especie de rollo de papel duro le golpeaban en la vagina.

Esas atrocidades narró la acusada ante este tribunal, en su discurso que interrumpió en varias ocasiones por su llanto, y que reanudaba diciendo "¡que asco!, ¡que asco!".

Araceli prosiguió manifestándonos que, posteriormente, la introdujeron en un vehículo y se dirigieron a su domicilio, a fin de practicar en el mismo diligencia de entrada y registro, y cuando retornaban a las dependencias policiales, la obligaron a aprender y memorizar la declaración que debía emitir en tales dependencias, ante instructor y secretario y con asistencia letrada, con la advertencia de que si no actuaba de esa forma, lo que había padecido resultaba algo mínimo en comparación con lo que le esperaba.

Sumida en un estado de gran temor, desconcertada y sintiéndose en la más absoluta situación de desamparo, en sus declaraciones policiales que obran en las actuaciones, manifestó todo lo que se le había ordenado: "dije lo que me dijeron que dijera, y firmé lo que me mandaron".

Araceli concluyó su intervención en el plenario poniendo de manifiesto que tanto al Sr. médico-forense, como a las doctoras de su confianza les manifestó todos sus sufrimientos, y también ante el Juez Instructor y ante el Juzgado de Irún, el cual abrió las oportunas diligencias que actualmente se siguen en el Juzgado de Instrucción n.º31 de Madrid.

Debemos adentrarnos ahora en las declaraciones vertidas en juicio por la acusada Azucena, a la que sólo se le imputa haber dado cobijo en el domicilio que compartía con Araceli al presunto miembro de E.T.A., Alonso, entre los meses de julio al 15 de noviembre de 2008.

- Azucena

Al igual que sus compañeras de banquillo Rosa y Araceli, en el plenario tan sólo contestó a las preguntas que le formuló su defensa, y, como en las dos ocasiones anteriores, su letrado no entró en cuestiones atinentes a la participación o no de la referida Azucena en los hechos delictivos por los que viene siendo acusada, limitándose a decir: "jamás colaboré con E.T.A.", y que: "nunca acogí en mi vivienda al tal Alonso ".

Esta persona, respondiendo a las preguntas de su defensa se centró también en la repetida cuestión de las torturas, si bien con menos minuciosidad que las dos anteriores.

Relatando a grosso modo los pormenores de su traslado desde el lugar de su detención hasta Madrid, Azucena nos decía que las personas que procedieron a su detención le advertían que manifestara lo que ellos le iban indicando, pues: "se portarían mal". Pero también, en el transcurso de dicho viaje -dijo- fue agredida y objeto de tocamientos en sus partes anatómicas más íntimas, especificando que el trato que se le dispensó durante dicho traslado fue análogo al descrito por las dos anteriores, si bien a ella no le hicieron la bolsa.

Pero durante el penoso viaje, y tras colocarle la capucha en su cabeza, la obligaron a que mantuviera la misma entre sus rodillas, indicándole que si tenía necesidad de orinar, podría hacerlo, pero bajándose los pantalones y haciéndola en presencia de todos.

Azucena, en el acto de juicio, también con lágrimas en sus ojos, siguió relatándonos que, una vez llegó a Madrid, le trasladan a un agujero negro, donde la despojan de "sus bragas y sujetador", colocándola contra la pared, mientras oía los gritos desgarradores de Juan Enrique, también detenido en estas dependencias, y pensaba "¡¡pobrecito!!"

Con estas apreciaciones terminó la declaración de esta acusada en el acto del plenario, no sin antes precisar que, si bien a los médicos que la visitaron no les comunicó tan denigrantes acontecimientos, por miedo y sólo por miedo; posteriormente se sobrepuso, interponiendo la correspondiente denuncia ante el Juzgado de Instrucción competente de Bilbao, y ante los Juzgados de Instrucción ubicados en Madrid.

- Prosiguiendo con el tema que estamos tratando, vamos a analizar seguidamente las declaraciones vertidas en el acto del juicio por Juan Enrique.

- Juan Enrique

La tónica general de sus manifestaciones fue la misma que la relatada respecto a las tres acusadas anteriores.

Sólo quiso responder a las preguntas de su propia defensa, y ésta no le interrogó acerca de los hechos delictivos de los que venía siendo acusado.

Juan Enrique se limitó a decir que todos los hechos que se le atribuían eran rotundamente falsos, y que nada tenía que ver con la organización E.T.A. Y después de tal proclamación, se dedicó a describir las torturas que dijo sufrió, contestando puntualmente al interrogatorio de su defensa letrada.

Este acusado, ante este Tribunal describió terribles atrocidades que dijo haber sufrido durante su desplazamiento desde el lugar de su detención hasta Madrid por parte de los agentes que lo detuvieron. Manifestaba: "me tapaban la boca y la nariz, y me pusieron la bolsa en varias ocasiones (...) yo vomitaba, pero ellos indiferentes me amenazaban diciéndome ¡verás cuando llegues a Madrid!".

Al igual que dijo Rosa, este acusado también aseguró que los agentes le obligaron a coger con su mano una pistola, para que en ella quedaran estampadas sus huellas dactilares, gritándole: "te vamos a matar".

Juan Enrique, refiriéndose a su llegada y permanencia en las dependencias de la Jefatura del Servicio de Información de la Dirección General de la Guardia Civil, adujo que recibió un trato aberrante, pues durante dos días le negaron hasta suministrarle agua, haciéndole "la bolsa" a la vez que le arrojaban agua congelada sobre su cuerpo.

También -y según los dichos de este acusado- él tampoco se libró de aberraciones sexuales, pues, dijo "me tocaban los testículos, preguntándome si era maricón".

Este acusado nos manifestó que, a pesar de haber padecido tan enormes sufrimientos, al Sr. médico-forense, que le visitaba a diario, sólo le indicó que le habían tirado de los pelos, y que le hicieron "la bolsa".

Terminó su declaración en juicio expresando: "al final, tenía que decir lo que ellos querían, pues el terrible trato llegaba hasta el extremo de que, "con un palo me tocaban el culo, si bien no me lo introdujeron" (...) por lo que, al final tenía que decir lo que ellos querían y me aleccionaron en los interrogatorios previos".

Ya por último vamos a ocuparnos de la declaración prestada en juicio por Baltasar.

- Baltasar

Este acusado, al igual que los anteriores, ostentó en el plenario la misma actitud que sus compañeros de banquillo, y que ya omitimos para evitar inútiles repeticiones.

Baltasar también describió ante la Sala tenebrosos sucesos que dijo haber padecido desde el mismo momento de su detención: "los agentes le apuntaron con una pistola hacia su cabeza, y después de introducirlo en el vehículo policial, le conminaron a que permaneciera todo el viaje rumbo a Madrid con la cabeza entre las piernas, todo ello por medio de gritos. También le tiraron con fuerza de los pelos, le hicieron "la bolsa", a la vez que le decían que ellos tenían fama de torturadores".

Ya en Madrid, en la comisaría sufrió continuas agresiones por parte de un agente que decía que era el torturador profesional.

Le hicieron "la bolsa", pero no la bañera por el lamentable estado que presentaba.

Culminó este acusado su declaración en el plenario manifestando que ante tan terrible estado de cosas se limitó a narrar todo lo que le mandaron.

Al Sr. Médico-forense nada le manifestó al respecto, ya que no se fiaba de nadie; pero más tarde, ante el Juez no ratificó las declaraciones policiales, denunciando después en Irún y en los Juzgados de la plaza de Castilla los tormentos que sufrió.

Estas son las versiones vertidas por los acusados en el acto del plenario; pero obviamente corresponde ahora analizar las pruebas que nos han ofrecido sus respectivas defensas en sustento de la veracidad de tantos horrores que se dicen inferidos por agentes de la Guardia Civil, ya que ante tantas atrocidades descritas por los acusados en el acto del plenario, hemos de analizar las pruebas que puedan avalar, en mayor o menor medida, la realidad de las mismas, con rigor y profundidad, pues la cuestión ante la que nos enfrentamos no es, precisamente baladí, sino todo lo contrario, resultándonos de crucial importancia la debida resolución de la controversia y que seguidamente pasamos a despejar basada en las consideraciones expuestas en conjunción a la que vamos a explicitar en el siguiente fundamento jurídico.

Tercero.-PRUEBAS DE LAS ALEGADAS TORTURAS

Las defensas letradas, principalmente la de Araceli y Baltasar denunciaron en sus informes finales lo que a su entender constituía un flagrante incumplimiento de las pautas marcadas por el Juez Instructor a observar durante el tiempo que permanecieron los detenidos en situación de incomunicación, establecidas en el auto de 9 de diciembre, que aparece a los folios 17 y 18 del Tomo 1.º de las actuaciones y que según el parecer de los Sres. letrados no tenían otra finalidad que ocultar las torturas y malos tratos.

En la referida resolución, el Juzgado Central de Instrucción, efectivamente establecía una serie de medidas en base a la legislación que en el mencionado auto se expresaba contra la tortura, especificándose en su Fundamento Jurídico segundo que tales pautas o medidas (...) "no se hace porque este Juzgado tenga sospecha de tortura o malos tratos, sino para prevenir la propia acción de los funcionarios y los derechos de los detenidos. En este sentido se consideran necesarias una serie de limitaciones a la incomunicación, en cuanto esta medida subsista y se aplique, como ahora, a casos de terrorismo.

De entre ellas, la mas importante es la referida a la grabación en sistema de video o digital de las celdas en las que se mantengan detenidos a los imputados, preservando su intimidad, pero de forma que quede constancia de la situación del detenido durante su incomunicación".

A continuación, en su parte dispositiva se decretaba:

"La incomunicación de los detenidos Araceli, Baltasar e Juan Enrique.

1) Requerir a la Guardia Civil para que procedan a la grabación en soporte de DVD o vídeo, que quedará a disposición de este Juzgado del lugar de detención y condiciones del mismo, de cada uno de los detenidos durante todo el tiempo que permanezcan estos en dicha situación, y como medio de acreditar el desarrollo de la detención incomunicada ordenada por este Juzgado.

2) Por el Sr. Médico Forense de este Juzgado, se reconozca a los mismos e informe sobre su estado.

3) Oficiar a la Guardia Civil para que se de cuenta al Juzgado de cualquier incidencia que se produzca durante la detención de los imputados, en particular sobre la situación de los mismos cada 12 horas, y siempre que fuera necesario. Todo ello sin perjuicio de que el Instructor pueda constituirse en el lugar a conocer dicha situación en cualquier momento.

4) Que los detenidos puedan ser examinados por médicos de su elección, si así lo solicitan, en unión con el médico forense adscrito a este Juzgado, quien girará visitas a los mismos cada 12 horas máximo y siempre que fuera necesario.

5) Que se informe al Juzgado de las características del lugar de detención y tiempo de permanencia en el mismo de los detenidos sin contacto con persona alguna.

Se deberá comunicar a las familias de los detenidos del lugar de detención y traslados que se produzcan".

En la parte dispositiva transcrita, curiosamente, no se recoge la referida grabación de las celdas donde se encontraban los detenidos, grabación que ciertamente resulta incompatible a todas luces con la obligación también impuesta, de preservar la intimidad de dichas personas en sus respectivas celdas las 24 horas del día, con todas las consecuencias que ello comporta.

Las aludidas denuncias se produjeron cuando tras visionar en la Sala la grabación en soporte de DVD, pudimos todos observar que ni nada se oía, ni nada se veía, excepto una especie de largo pasillo con puertas en ambos lados, el cual, de muy tarde en tarde era cruzado por "alguien", del que sólo podía observarse sus piernas y hasta la cintura, pareciendo que accedía a alguna dependencia, porque abría una de las puertas y desaparecía de escena.

No observamos el rostro de ninguno de los agentes de la Guardia Civil, lo que resulta lógico, al haber obtenido la Guardia Civil la autorización de este Tribunal para pixelar esas imágenes, por aplicación analógica de la Ley de Protección de Testigos y Peritos en esta clase de procedimientos.

Tampoco vimos a las personas detenidas, explicándonos previamente un agente de dicho cuerpo, a través de oficio cursados a este Tribunal, que resultaba materialmente imposible seleccionar los pixelados.

Mas lo cierto y verdad es que, en transcurso de los cinco días de grabación, solo se filmó -otra cosa no vimos- el referido pasillo, y el trasiego por el mismo de "medios cuerpos", que salían de un lado y entraban en otro.

Pero dicho esto, que responde a la realidad más absoluta, debemos analizar seguidamente las conclusiones que de ellas extrajeron los Sres. Letrados de Araceli y Baltasar, los cuales conexionando lo dispuesto en el auto del Juzgado Central de Instrucción N.º1, de 9 de diciembre 2008, con el resultado del visionado de los DVD, llevado a cabo en el acto del plenario, mantuvieron en sus informes finales que, no se había cumplido con las directrices marcadas por el Juez Instructor, especificadas en el fundamento jurídico segundo de su auto, porque tal grabación constituiría prueba inequívoca de que agentes de la guardia Civil hicieron a los detenidos objeto de las aberraciones que éstos nos relataron en el plenario.

Mas tales alegaciones carecen de la más mínima lógica; y ello es así, por las razones siguientes:

Los acusados y sus defensas alegaron que fueron llevados a una especie de sala de torturas, donde las mujeres, Araceli, Rosa y Azucena, fueron víctimas de crueles y denigrantes tratos, que tal y como los describieron asombran por su infinita maldad, y por la obscenidad más absoluta que pueda existir.

Sin embargo todos los acusados durante su estancia en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil, e incluso antes de dictarse por el Juzgado Central de Instrucción n.º1 el tan reiterado auto de 11 de diciembre de 2008, fueron reconocidos por el médico forense; y así el 9 de diciembre, a las 14 horas, a las 14 horas y 25 minutos y a las 14 horas y 55 minutos fueron visitados y examinados por el Sr. Forense, Araceli, Baltasar e Juan Enrique; y los tres referidos manifestaron al faculatativo que sobre las 23 horas del día anterior fueron detenidos, especificando todos ellos que la detención no fue violenta, siendo a continuación introducidos en un vehículo e iniciando un viaje, durante el cual le fue dispensado un trato correcto (Juan Enrique refirió que en el transcurso de dicho viaje recibió algún golpe en la cabeza con la mano).

Los tres detenidos narraron al Sr. médico-forense que, al llegar a Madrid, le han ofrecido líquidos y alimentos, decidiendo Araceli ingerir sólo líquido, mientras Baltasar "tomo de todo", lo mismo que Juan Enrique.

Y el facultativo dictaminó que los tres detenidos "se encontraban conscientes y orientados en las tres esferas: lenguaje, pensamiento y sin alteraciones, que manifestaron que el trato recibido fue normal, que no presentaban lesión alguna y no querían que se les practicara reconocimiento médico alguno" (folios 51, 52 y 53 del Tomo 1.º de las actuaciones).

Al día siguiente, 10 de diciembre de 2008, el mismo facultativo volvió a personarse en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil, a fin de tomar cabal conocimiento del estado físico y psíquico de los tres detenidos, sometidos a régimen de incomunicación, y el resultado que obtuvo fue prácticamente el mismo que el captado y descrito el día anterior.

Araceli fue visitada por el Sr. Forense a las 11 horas y 50 minutos, Baltasar a las 12 horas y cinco minutos, e Juan Enrique, a las 12 horas y 20 minutos del referido día 10 de diciembre de 2008.

Los dos primeros volvieron a manifestar al Sr. médico-forense que les habían suministrado líquidos y alimentos, que había ingerido; que habían viajado durante varias horas a fin de participar en las diligencias de entrada y registro de sus respectivos domicilios, ubicados en el país vasco, habiendo permanecido dormidos buena parte del tiempo durante el trayecto; que le habían suministrado en el transcurso del mismo líquidos y alimentos, y que el trato recibido durante tal viaje fue correcto.

En este punto, Juan Enrique discrepó con sus compañeros precisando que "había recibido algunos golpes con la palma de la mano en su cabeza, y que también le habían hecho "la bolsa", sin que pudiera respirar múltiples veces el primer día de la detención". Modificación introducida "ex novo", porque no se refería al viaje realizado desde Madrid hasta su domicilio, al objeto de llevar a cabo en él diligencia de entrada y registro en su vivienda.

Pero, en resumidas cuentas el Sr. forense del Juzgado Central de Instrucción n.º1 quedó limitado a hacer constar las simples manifestaciones de los detenidos, y por expreso deseo de éstos no les sometió a exploración médica alguna. Mas en su informe reflejó que "se encontraban conscientes y orientados, con lenguaje y pensamiento sin alteraciones".

El día 11 de diciembre, resultó altamente activo para el Sr. Forense. Éste se personó otra vez en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil, a las 10 horas y 30 minutos y a las 20 horas y 30 minutos, acompañado en las dos ocasiones de las Sras. Médicos de confianza de los detenidos, Baltasar y Araceli, D.ª Tamara y D.ª Sandra, para cerciorarse todos ellos del estado de salud físico y psíquico de las tres personas privadas de libertad, y en estado de incomunicación.

- Baltasar fue reconocido a las 10 horas y 30 minutos por el Sr. Forense y por la Sra. Tamara, y en presencia de ambos el detenido manifestó: "que le han ofrecido comida y bebida y las ha tomado. Dice haber dormido poco y discontinuo".

Preguntado por el trato recibido refiere que correcto.

Auscultación pulmonar y cardiaca normal.

Durante la auscultación no se observan lesiones en las zonas expuestas.

Se encuentra consciente y orientado, con lenguaje y pensamientos sin alteraciones.

Dice que no tiene ninguna lesión física y no desea exploración del resto del cuerpo" (f.174).

- Quince minutos más tarde, fue visitada la detenida Araceli, por los mismos facultativos, los cuales dictaminaron que esta persona: "se muestra más tranquila que ayer por la noche. Refiere que ha recibido golpes con la mano en la cabeza y tirones de pelo, y dice que le duele la cabeza. También indica que el primer día fue amenazada con esterilizarla y que le tocaron los pechos y pellizcaron los pezones.

Indica que desde el registro de su piso el trato fue correcto.

Refiere que le han dado un desayuno y dice que ha dormido más tiempo (...)

Durante la auscultación no se observan lesiones en las zonas expuestas, extremidades superiores, torax y espalda.

Se encuentra consciente y orientada, con lenguaje y pensamiento sin alteraciones, pero muestra ansiedad con temblor en el cuerpo. Se le suministra un comprimido de Lexatin 1,5 mg.

Dice que no tiene ninguna lesión en el cuerpo y no desea exploración del resto del mismo" (f.175).

- A las 20 horas y 30 minutos del mismo día el Sr. médico forense acompañado de la Sra. médico que gozaba de la confianza de Juan Enrique, D.ª Sandra se ocuparon de este detenido, el cual, ante aquéllos se manifestó en los términos siguientes: "al informado le han ofrecido para desayunar chocolate con leche y un bizcocho que ha tomado.

Dice que ha dormido más que en los días previos".

Preguntado por el trato recibido: "indica que tienen dolor en las piernas, porque le han obligado a hacer flexiones".

Ambos facultativos expresaron que durante la auscultación no se observaron lesiones en las zonas expuestas.

Se encuentra consciente y orientado. Lenguaje y pensamiento sin alteraciones.

Presenta ligera ansiedad y se le da un comprimido de Lexatin 1,5 mg.

Niega otros síntomas.

Dice que no tiene ninguna lesión física y no desea exploración del resto del cuerpo (f.176).

- El día 12 de diciembre de 2008, a las 11 horas y 15 minutos fue visitada por primera vez por el Sr. Médico Forense la procesada Azucena en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil, al haber sido detenida la tarde del día anterior, y ante el mismo manifestó: "que la detención no fue violenta. Continúa indicando que fue introducida en un coche e iniciaron un viaje.

Le han ofrecido líquidos y alimentos y sólo ha ingerido líquidos.

No ha dormido nada desde su detención y se siente muy cansada".

El Sr. Forense hizo constar que esta persona se encuentra consciente y orientada en las tres esferas. Lenguaje y pensamiento sin alteraciones. Llora todo el tiempo durante la entrevista.

Preguntada sobre el trato recibido desde la detención dice: "que no quiere comentar nada sobre el trato recibido. Después dice que la han obligado a estar muchas horas de pie, cara a la pared".

El Sr. Forense hace constar en su informe que no se observan lesiones en zonas expuestas, y aunque la detenida refiere dolor en el cuello, no quiere tomar analgesia, manifestando también que no tiene lesión alguna y no quiere que le realicen un reconocimiento médico (f.177).

- Veinticinco (25) minutos más tarde, el Médico-Forense giró visita a la procesada Rosa, también detenida la tarde del día anterior, cuando paseaba por la calle Romo de su localidad. La detención -dijo- no fue violenta. Fue después introducida en un vehículo e iniciaron un viaje. A continuación añadió: "le han ofrecido líquidos y alimentos, y sólo ha tomado líquidos.

No ha dormido nada desde su detención y se siente muy cansada física y mentalmente".

El Sr. Forense, en cuanto a las lesiones que le apreció, manifiesta en su informe relativo a esta detenida, puntualizó que presentaba lesiones múltiples de unos 2-4 mm. de diámetro en la palma y dorso de ambas manos, en distintas fases de evolución, y algunas cicatrizadas, pero esta persona manifiesta que son lesiones que padece desde hace varias semanas, y cree que son derivadas de una alergia a algún detergente.

Y el facultativo, en su informe dictaminó que la detenida se encuentra consciente y orientada en las tres esferas. Lenguaje y pensamiento sin alteraciones.

Se muestra llorosa a lo largo de la entrevista; y preguntada acerca del trato recibido desde su detención manifiesta que ha recibido golpes en la cabeza. También indica que ha sido obligada a estar mucho tiempo de pie y en cuclillas.

El Sr. Médico-Forense concluye su informe haciendo constar que, como en las otras anteriores ocasiones, no se observan lesiones en las zonas expuestas, y aunque Rosa refiere sentir dolores en trapecio izquierdo, cabeza y piernas, no quiere tomar ningún analgésico (f.178).

Con este cúmulo de constantes intervenciones concluyó, cumpliendo sus deberes profesionales, la actuación del Sr. Médico- Forense del Juzgado Central de Instrucción n.º1.

El día 13 de diciembre de 2008, los cinco detenidos recibieron la visita del Sr. Médico-Forense junto a las Sras. Médicos de la confianza de los acusados, D.ª Sandra y D.ª Casilda.

La tercera, D.ª Tamara este día no consta su presencia en la Dirección General de la Guardia Civil.

Los reconocimientos médicos, o mejor dicho, los pretendidos reconocimientos médicos, porque todos los detenidos se negaron a ser reconocidos, se iniciaron a las 10 horas y 45 minutos con Rosa, (f.206) y prosiguieron por este orden:

A las 11 horas, con el procesado Baltasar (f.208); a las 11 horas y 20 minutos, con la procesada Araceli (f.209); a las 11 horas y 35 minutos con Juan Enrique; y a las 11 horas y 45 minutos con Azucena.

Para evitar inútiles repeticiones, debemos poner de manifiesto que los detenidos persistieron en la misma actitud: no querían someterse a exploración médica alguna porque, según sus palabras, no presentaban lesiones físicas derivadas de estos acontecimientos; algunos de ellos decidieron callar acerca de los tratos dispensados, mientras otros dijeron que había sido correcto.

Las tres médicos que gozaban de la confianza de los detenidos, comparecieron en el acto del plenario en su sesión del día 27 de mayo de 2010, deponiendo en el mismo en calidad de peritos.

D.ª Tamara, D.ª Casilda y D.ª Sandra, en sus declaraciones en juicio vinieron a decir que, acompañadas por el Sr. médico forense del Juzgado, se personaron en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil para vigilar el estado de salud de los detenidos.

- Y refiriéndose concretamente a Rosa nos contaron que ante ellas se presentó una mujer nerviosa, temblorosa, como asustada, que presentaba diversos hematomas en el rostro, brazo izquierdo y muslos.

A preguntas del Ministerio Fiscal, que tuvo bien presente las anteriores declaraciones de los testigos, guardias civiles con carnet profesional NUM016 y NUM017 que depusieron en la sesión 2.ª del plenario -indicando ambos que en el viaje desde Bilbao a Madrid en el que trasladaron a la repetida Rosa a las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil sufrieron un accidente de tráfico por alcance- las peritos mencionadas dijeron: "las lesiones que presentaba en la cara la detenida no parece que fueran producidas en un accidente de tráfico, siendo compatibles con malos tratos".

Las peritos mencionadas no explicaron semejante disyuntiva, cuya respuesta definitiva quedó en el aire.

Lo que apareció como una cuestión incontrovertida es la realidad de dicho accidente, por las anteriores testificales y porque Rosa lo relató a dichas peritos, tal y como se refleja a los folios 745 y 746 de las actuaciones, concluyendo éstas que la detenida presentaba "hematomas descritos anteriormente y gran angustia por el accidente y por los golpes sufridos en el traslado".

Y nos preguntamos, ¿golpes provenientes de qué?

Porque afirmar, como afirmaron las Sras. peritos que los hematomas que presentaba la detenida no eran propios de los que se producen en accidente de tráfico, siendo compatibles, sin embargo con las lesiones inferidas por malos tratos, sin ofrecer las explicaciones pertinentes en orden a semejante distinción, hace que este Tribunal considere que carece de base como para dar por ciertas semejantes afirmaciones.

- En relación a la procesada Araceli, las repetidas peritos manifestaron que en el informe que confeccionaron al respecto, relataron lo que esta persona les contó, no deseando ser sometida a reconocimiento, señal de que signos de violencia en su cuerpo no presentaba.

- Igual ocurrió con el acusado Baltasar.

- En cuanto a la procesada Azucena, las Sras. peritos pusieron de manifiesto que esta persona se encontraba muy nerviosa, temblorosa, diciéndoles que era incapaz de hablar por miedo.

Padecía un verdadero bloqueo mental, certificando las doctoras que padecía cervialgia y cefaleas.

Finalmente las peritos precisaron que, Azucena cuando ultimaban la visita, les puso de manifiesto que fue objeto de amenazas de violación y de múltiples insultos y vejaciones.

- Por último, y respecto al procesado Juan Enrique, las tres facultativos aseguraron que lo encontraron nervioso, tembloroso, con claros síntomas de fotofobia, presentando un cuadro de cervialgia compatible con la postura que dijo ser obligado a adoptar durante su traslado a Madrid.

Cuarto.-Y ya, en este momento procede ir sentando las bases sobre las que vamos a fundamentar nuestras conclusiones respecto a la existencia o inexistencia probada de los alegados malos tratos, tras el análisis conjunto de los tres bloques probatorios siguientes:

1) Declaraciones de los procesados en el plenario; 2) declaraciones emitidas por las tres médicos que gozaban de la confianza de los acusados, y 3) declaraciones testificales de los Sres. guardias civiles que procedieron a las detenciones de las cinco personas inmersas en esta causa, en sus posteriores traslados hasta Madrid, y los encargados de la custodia de los mismos en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil, ubicadas en la capital de España.

Del primer y segundo bloque, ya nos hemos ocupado; y analizándolo de forma conjunta este material nos parece evidente que no se desprende prueba alguna que nos autorice a establecer, a modo de premisa probada, la realidad de los comportamientos crueles, despiadados e inhumanos de los que los acusados, con rotundidad ante estos Juzgadores, aseguraron haber sido víctimas, comportamientos imputados a funcionarios de la Guardia Civil, los cuales también depusieron en el plenario en calidad de testigos.

No olvidamos -todo lo contrario- tenemos bien presente las formas y maneras en las que los cinco enjuiciados narraron en la vista oral los eventos que decían sufrieron: compungidos, y a veces con llantos que interrumpían sus discursos.

Pero todo eso no constituye prueba alguna de la veracidad de tan graves acusaciones vertidas contra miembros de la Guardia Civil, acusaciones abiertamente desmentidas por éstos en el acto del juicio, como ahora veremos.

DECLARACIONES TESTIFICALES

En el plenario comparecieron los guardias civiles NUM016, instructor del atestado, y NUM017 secretario del mismo.

Ambos estuvieron presentes en todas las declaraciones policiales que prestaron los detenidos en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil. Y narraron como se desarrollaron tales declaraciones: en presencia de letrado designado por el turno de oficio, y previa información de todos sus derechos a cada uno de ellos. Se les formulaban preguntas a las que los detenidos respondían libre y voluntariamente, proporcionando datos objetivos, que los agentes desconocían y cuya realidad se constató posteriormente.

Dijeron dichos agentes que los detenidos detallaron las medidas de seguridad que adoptaron en sus desplazamientos a Francia y luego en su retorno a España: utilizaban vehículos ajenos, y teléfonos móviles pertenecientes a terceras personas, y usaban claves a las que luego nos referiremos.

Concluimos ya el capítulo relativo a las alegadas torturas manifestando que no existe prueba en estas actuaciones que acredite la realidad de las mismas, por varias que hayan sido las denuncias interpuestas ante los Juzgados de Instrucción madrileños de la Plaza de Castilla o de Irún por algunos detenidos.

Tales denuncias, aquí carecen de valor alguno.

Quinto.-Los hechos que se declaran probados son constitutivos de un delito de colaboración con organización terrorista, previsto y penado en el artículo 576 del Código Penal, en relación con el artículo 579.2 del mismo cuerpo legal.

Concurren, sin lugar a duda alguna todos y cada uno de los requisitos típicos que dan vida a dicha infracción punible.

El referido primer precepto establece en su número 2:

"Son actos de colaboración (con las actividades o las finalidades de una banda armada, organización o grupo terrorista), la información o vigilancia de personas, bienes o instalaciones; la construcción, el acondicionamiento, la cesión o la utilización de alojamientos o depósitos; LA OCULTACIÓN O TRASLADO DE PERSONAS VINCULADAS A LAS BANDAS ARMADAS, ORGANIZACIONES O GRUPOS TERRORISTAS; la organización de prácticas de entrenamiento o asistencia a ellas, y, en general, cualquier otra forma de colaboración, ayuda o mediación, económica o de otro género, con las actividades de las citadas bandas armadas, organizaciones o grupos terroristas".

La claridad con la que se expresa el precepto transcrito no permite otra interpretación que no sea la mera y simple gramatical.

Decimos esto porque, como anunciábamos en el primer fundamento jurídico de esta sentencia, la defensa letrada de los acusados Araceli y Baltasar, en el trámite de informes finales mantuvieron que, aunque este Tribunal considerara probados los hechos objeto de la acusación pública, dichos eventos no encontrarían encaje en las previsiones típicas del artículo 576 de nuestro texto punitivo, pues en el ánimo de todos ellos no subyacía el interés de colaborar con la organización E.T.A., sino sólo auxiliar a dos personas perseguidas por las fuerzas policiales españolas -personas a las que éstas creían que eran miembros de la referida organización- para que pudieran huir de nuestro país.

Pero todo esto, no constituye otra cosa distinta que endebles argumentos jurídicos abocados al fracaso, porque aunque los mismos fueran reales -lo que en modo alguno se ha demostrado- los hechos encontrarían su respuesta punitiva en el reiterado artículo 576 de nuestro Código Penal.

Cuando analicemos las pruebas de cargo que afectan a todos y cada uno de los procesados, se explicitará con más detalle esta cuestión.

Y bien, rechazando la existencia de malos tratos y torturas padecidos por los cinco detenidos, tanto durante el desplazamiento de los mismos desde el país vasco hasta las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil en Madrid, como la realidad de los padecimientos sufridos en dichas dependencias por los detenidos, este Tribunal, puede centrarse ahora en el estudio de las pruebas de cargo y de descargo producidas en estas actuaciones.

Y ahora es preciso, conforme a todo lo expuesto, adentrarnos en el análisis de los temas expuestos, a la luz de las pruebas obtenidas en el periodo sumarial en este procedimiento, para después contrastarlas con las practicadas en el acto del plenario, propuestas y admitidas por este Tribunal y circunscritas las que pasamos a exponer.

Sexto.-Como pruebas de signo incriminatorio, contamos con las siguientes:

PRUEBAS DE CARGO QUE AFECTAN A LOS PROCESADOS

Están constituidas por:

1) DECLARACIONES EMITIDAS POR LOS DETENIDOS EN LAS DEPENDENCIAS DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL.

2) DATOS OBJETIVOS DE CORROBORACIÓN EXTERNOS.

3) DECLARACIÓN TESTIFICAL DE LOS MIEMBROS DE LA GUARDIA CIVIL CON CARNET PROFESIONAL NUM016, NUM017 (instructor y secretario del atestado) y además TESTIFICAL DE LOS FUNCIONARIOS DE LA GUARDIA CIVIL, CON CARNET N.º NUM014 Y NUM015.

El análisis de las pruebas expuestas va a ser objeto de estudio individualizado.

Séptimo.-DECLARACIONES DE LOS DETENIDOS EN DEPENDENCIAS POLICIALES.

Partiendo yá, como no podía ser de otra forma, de la absoluta validez de las declaraciones que prestaron los detenidos en la Dirección General de la Guardia Civil -y repetimos, todos ellos asistidos de sus correspondientes letrados, y reiteradamente visitados por el Sr. médico-forense del Juzgado Central de Instrucción n.º1, y por las facultativos de su confianza, estando la autoridad judicial en todo momento informada del estado que presentaban los detenidos- debemos ahora someterlas a nuestro análisis.

- Declaraciones policiales de Araceli.

Araceli prestó su primera declaración a las 16 horas y 40 minutos del día 10 de diciembre de 2008, documentada en los autos a los folios 233 a 239; y la segunda a las 17 horas y 4 minutos el siguiente día 12, que figuran a los folios 240 a 242 del Tomo V de las actuaciones.

Araceli tras su detención, se refirió inicialmente a su segundo desplazamiento a Francia y sus correspondientes prolegómenos; y al respecto decía que, previamente, hubo una cita entre la declarante e Juan Enrique, a la que también acudió Baltasar, provisto de planos del país vecino, en los que se señalaba los itinerarios que deberían seguir, facilitando al referido Baltasar el teléfono móvil de una amiga de la declarante, para evitar sospechas, y precisándole que tendría que utilizar vehículos ajenos, como medidas de seguridad.

Araceli decía que durante este encuentro, que tuvo lugar en el bar "Lainoa", concretaron las medidas precautorias a adoptar, tales como, durante el viaje, cada 20 ó 30 minutos o en cada paso de peaje de la autopista, Baltasar e Juan Enrique, que circularían delante en vehículo lanzadera, realizarían una llamada perdida a Araceli, lo que significaría que no existían obstáculos.

Y seguía explicando esta acusada que el domingo se vio de nuevo con Baltasar, al objeto de entregarle las llaves de un vehículo Ford Skoda, que era el que debían utilizar.

Así, el día acordado, 8 de diciembre de 2008, la procesada Araceli trasladó a Francia a Justiniano, llegando a las 18 horas a las inmediaciones de la iglesia Bagnere de Bigorre, donde lo dejó, ausentándose del lugar la declarante, pues esas eran las instrucciones que tenía al respecto.

En tal lugar, Justiniano debería ser recogido por otros individuos, que reconocerían a aquél porque llevaría una palmera de chocolate.

Continuaba su primera declaración ante la Guardia Civil la repetida Araceli indicando que, durante una hora se reunió con Baltasar e Juan Enrique en un bar de la localidad francesa, transcurrida la cual se dirigió a la iglesia Bagnere, comprobando que Justiniano ya no estaba allí.

Cumplido el objetivo, los tres (Araceli, Baltasar e Juan Enrique) regresaron a España en los mismos vehículos con los que viajaron a Francia, siendo detenidos.

Después de narrar todos estos eventos, la procesada cuyas declaraciones examinamos, se refirió al alojamiento de Alonso entre los meses de julio al 15 de noviembre de 2008 en el domicilio que ésta compartía con la también acusada Azucena, ubicado en la c/ DIRECCION003 NUM011 de Berango (Vizcaya), y al traslado a Francia el referido 15 de noviembre de 2008 de este individuo.

Araceli narró que, a finales del mes de julio recibió una llamada telefónica de Duquesa (la acusada Rosa), solicitándole que se reuniera con ella en el bar "Barrutik", reunión que tuvo lugar, y en dicho transcurso la referida Duquesa le indicó que "había una persona a la que habían dejado tirada", (Alonso), pidiéndole que la alojara en su domicilio, a lo que la declarante accedió tras consultar tal circunstancia con su compañera de piso (la también acusada Azucena). Y tal individuo permaneció en dicha vivienda hasta mediados del mes de noviembre, fecha en la que lo trasladaron a Francia para que acudiera a una cita.

Contaba Araceli que, durante el tiempo que Alonso permaneció oculto en tal vivienda, de la que no se ausentó un solo instante, ella personalmente se encargó de auxiliarle, proporcionándole prendas de vestir, libros, etc.

Más tarde, relató la forma en la que planearon su salida del territorio español, puntualizando al efecto que, en los primeros días del mes de noviembre, Duquesa le comunicó que Alonso tenía una cita en Francia el día 15 de dicho mes a las 18 horas, y concretamente en la localidad de Luquet, indicándole ésta que debería buscar a una persona para que ayudara a la declarante en futuros eventos.

Araceli prosiguió su relato indicando que tal circunstancia la puso en conocimiento de Alonso, manifestándole éste que pidiera ayuda a Juan Enrique, lo que ella hizo, aceptando sin reparos el referido Juan Enrique participar en el proyectado traslado; puntualizando que en esta primera ocasión Juan Enrique y Duquesa realizaron funciones de lanzadera, viajando en un vehículo Seat Ibiza, en tanto que la declarante trasladaba a Alonso en un Ford Tourneo.

En cuanto a las medidas de seguridad que adoptaron, dijo eran las mismas que detalló al referirse al segundo viaje, anteriormente.

- En su segunda declaración prestada en las dependencias de la Guardia Civil, Araceli, poco aportó a la anterior, por cuanto que vuelve a referir datos ya expresados, excepto los siguientes que pasamos a exponer.

Al ser interrogada acerca de las medidas de seguridad que adoptaron en los dos viajes, ésta especificó: "si los que actuaban de lanzadera observaban algún control policial durante el trayecto, a través de teléfonos móviles le remitían un mensaje SMS, con el texto aproximado siguiente: "hay atascos en la localidad (...)". En caso de encontrase expedita la vía, se limitaban a utilizar llamadas perdidas".

De esta forma concluyó Araceli sus declaraciones policiales.

A CONTINUACIÓN VAMOS A TRATAR DE LAS DECLARACIONES EMITIDAS EN LA DIRECCIÓN GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL POR Juan Enrique.

Dichas declaraciones se iniciaron a las 21 horas y 25 minutos del día 10 de diciembre de 2008, la primera, y a las 20 horas y 7 minutos del día 12 de diciembre de 2008, y figuran documentadas a los folios 271 a 274 y 275 a 277 del Tomo I de las actuaciones.

Tras una detenida lectura de las mismas, se aprecia un paralelismo casi absoluto con las declaraciones de Araceli.

- Juan Enrique, en su declaración primera contó que un día del mes de octubre o noviembre de 2008, dos conocidas suyas llamadas Araceli y Rosa, se pusieron en contacto con el declarante con el fin de solicitar su colaboración para realizar un viaje a Francia, pidiéndoles que ejecutara labores de lanzadera y exponiéndole la razón de tal necesidad. Él aceptó gustoso prestar tal ayuda.

Le indicaron las dos referidas que el viaje sería hasta la localidad francesa de Luquet, acordando los tres no portar teléfonos móviles personales.

Para realizar tal viaje -dijo- utilizó un Seat Ibiza de color negro, propiedad de un tal Jon, joven de pelo rubio del que ignoraba más datos, siendo acompañado en el mismo por Rosa.

Y este acusado, coincidiendo con lo manifestado por Araceli al respecto, y refiriéndose a las medidas de seguridad, decía: "cada vez que llegábamos a un peaje de la autopista efectuábamos una llamada a un teléfono cuyo número llevaban anotado, llamada dirigida a una persona que conducía un vehículo que circulaba detrás de ellos y en la misma dirección, siendo muy probable que una de las ocupantes de tal vehículo fuera su conocida Araceli ", extremos que infiere debido a que, cuando el declarante y Duquesa llegaron a la localidad francesa de Luquet se encontraron allí con ésta, la cual permaneció con ellos en un centro comercial, ausentándose después, y retornando al mismo lugar una media hora más tarde.

Tras lo expuesto, los tres emprendieron retorno a España, haciéndolo el declarante y Rosa en el vehículo SEAT Ibiza y Araceli en el turismo Ford Tourneo.

Seguidamente Juan Enrique pasó a describir el segundo de los repetidos desplazamientos al país vecino, manifestando que, en esta ocasión, su intervención en el mismo se la propuso Araceli en un local de "Gestoras", donde le comunicó que precisaba de una persona "para conducir un vehículo en funciones de lanzadera", petición atendida y asumida por el declarante, sabiendo que en esta ocasión, iría acompañado por Baltasar -así se lo comunicó Araceli - utilizando en esta ocasión un Opel Zafira de color negro, que fue aportado por el referido Baltasar, y en cuyo interior hallaron un teléfono móvil que, posteriormente utilizarían, a los mismos fines que en el primer viaje; pues por indicación de Araceli, "durante el trayecto hasta Francia, Baltasar (copiloto) realizaría las oportunas llamadas telefónicas perdidas para avisar de la inexistencia de controles policiales" o, en caso contrario, para alertar de los posibles obstáculos que hallara a Araceli, que en las dos ocasiones circulaba detrás del vehículo lanzadera, para advertirle de las adversas circunstancias, a través de mensajes SMS, en los que se decía: "hay mucho tráfico en la localidad de (...)".

Juan Enrique culminaba su primera declaración en las dependencias de la Guardia Civil, explicando que en la localidad francesa Araceli se ausentó del lugar donde se hallaban, para regresar a él una hora más tarde, regresando los tres a España, cada uno en los vehículos que utilizaron en sus desplazamientos a Francia. Y detalló Juan Enrique: "en el trayecto paramos en una gasolinera, y finalmente llegamos a un control policial establecido en Irún, donde fuimos detenidos".

Dichas detenciones, obviamente, no fueron algo casual. Muy por el contrario. Como luego explicaremos, resultó ser fruto de una labor desarrollada por la Guardia Civil perfectamente ordenada, que tendrá su oportuno reflejo en esta sentencia.

Pero prosigamos con nuestro discurrir, y por ello, vamos a poner nuestra atención en:

- La segunda declaración prestada por este acusado en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil.

Juan Enrique, en tal declaración, poco añadió respecto a la primera -como sucedió con Araceli -, explicando de nuevo las medidas de seguridad que adoptaron en los dos viajes a Francia, y posterior retorno a España, las cuales omitimos para evitar repeticiones. Sólo decir al respecto que Juan Enrique reiteró que a través de los teléfonos móviles pertenecientes a terceras personas, transmitían mensajes; en caso de detectar los ocupantes del vehículo lanzadera algún peligro por la existencia de controles policiales, tales mensajes eran del tenor literal siguiente: "hay mucho tráfico en la localidad de (...)".

Este acusado concluyó sus declaraciones policiales indicando que en el primer desplazamiento al país vecino que realizó acompañado de Duquesa, fue ésta la que aportó el teléfono móvil, y la que hizo en el trayecto uso del mismo, pues el deponente conducía el vehículo lanzadera, lo mismo que ocurrió con Baltasar en el segundo viaje.

- CORRESPONDE AHORA OCUPARNOS DE LAS DECLARACIONES EMITIDAS POR EL ACUSADO Baltasar EN LAS DEPENDENCIAS DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL.

Como ocurrió con los dos procesados anteriores, Baltasar prestó dos declaraciones ante miembros de la Guardia Civil tras su detención, a las 12 horas y 25 minutos del 9 de diciembre de 2008, y a las 4 horas y 55 minutos, respectivamente y que figura a los folios 307 a 309 y 310 a 312 de las actuaciones.

- Baltasar en su primera declaración admitió haber colaborado con la organización E.T.A., consistente en trasladar a su amigo Justiniano, apodado " Triqui " desde Getxo hata Francia, teniendo conocimiento de que Justiniano estaba relacionado con la organización mencionada porque a través de los medios de comunicación sabía que se hallaba huido.

Fue un amigo suyo llamado Argimiro, apodado " Botines ", el que le hizo semejante ofrecimiento, concertándole una cita con dos personas a las que no conocía, a celebrar el 5 de diciembre de 2008. La reunión tuvo lugar y en ella se debatieron temas relativos al futuro viaje.

Utilizaron dos vehículos, un Skoda negro y un Opel Zafira, siendo titular de este último un tal Andoni, del que ignora más datos. Ambos turismos le fueron entregados por su amigo Argimiro, haciéndose cargo el declarante del Opel Zafira, entregándole el Skoda a Araceli.

Baltasar, al igual que ocurrió con los dos acusados anteriores, relató las medidas de seguridad adoptadas, de manera coincidente con las narradas por Araceli e Juan Enrique respecto a las llamadas perdidas en los peajes, si no detectaban controles policiales, o el envío de mensajes SMS en caso contrario, alertando de tales obstáculos, precisando Baltasar que "el teléfono móvil que utilizó en el desplazamiento se lo pidió a un amigo suyo llamado Marcos, y apodado " Cojo ".

En definitiva, así terminó su primera declaración en las dependencias de la Guardia Civil, Baltasar se reafirmó en que él junto con Juan Enrique, en el vehículo Opel Zafira, desempeñaron funciones de lanzadera.

- Este acusado, en su segunda declaración prestada ante miembros de la Guardia Civil, pormenorizó los pasos seguidos por su amigo Argimiro para lograr convencerle de que interviniera en este traslado, indicando al efecto que el refrido Argimiro, a finales de noviembre de 2008 le comentó simplemente que "le hacía falta una persona para trasladar a un miembro liberado de E.T.A. huido, llamado Justiniano y apodado " Triqui " a Francia, pues tal individuo era objeto de férreo control por las fuerzas policiales". Al día siguiente le manifestó que debería ser el declarante el que asumiera dicho cometido, insistiéndole una y otra vez en que colaborara en tal sentido, aceptando finalmente tal encomienda. El tercer día su amigo Argimiro le facilitó un mapa de Francia, con el itinerario marcado para llegar a la localidad de Gedre, indicándole al mismo tiempo que le facilitaría los vehículos oportunos para tal desplazamiento, lo que efectivamente hizo, proporcionándole al efecto dos turismos, un Opel Zafira y un Skoda. Eso acaeció el día anterior al proyectado viaje, enviando de inmediato el declarante un mensaje SMS a Araceli, a fin de que ésta se reuniera con él, para hacerle entrega del segundo de los vehículos referidos.

En esta declaración, Baltasar volvió a referirse a las medidas de seguridad adoptadas durante el viaje hasta Francia y el posterior retorno a nuestro país, haciéndolo de forma absolutamente coincidente con las descritas por Araceli e Juan Enrique: utilización de teléfonos móviles ajenos, así como de vehículos que no tuvieran vinculación alguna con los acusados; continuas llamadas telefónicas desde el vehículo lanzadera, al que ocupaba Araceli y el perseguido por la policía, llamadas incontestadas si Baltasar e Juan Enrique no observaban obstáculos, o con mensajes SmS, con la leyenda "atascos", si detectaban controles policiales.

De esta forma describió el procesado Baltasar su participación en los hechos objeto de autos, y la de sus compañeros Araceli e Juan Enrique, que resultaron detenidos en Irún, cuando procedentes de Francia, regresaban a España, tras cumplir con el cometido que se propusieron -trasladar al país vecino a Justiniano, persona huida y buscada por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por su vinculación a la organización terrorista E.T.A.-

Las otras dos procesadas, Rosa, que no participó en este segundo viaje, y Azucena, que no intervino ni en el primero ni en el segundo, merecen ser objeto de diferenciado estudio, y por ello lo obtendrán, resultando procedente centrarnos ahora en la acusada Rosa.

Octavo.-DECLARACIÓN PRESTADA POR Rosa EN LAS DEPENDENCIAS DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL.

Esta persona, detenida con posterioridad a sus compañeros Araceli, Juan Enrique y Baltasar, y a buen seguro, en base a las declaraciones de los tres referidos, prestaron en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil a las ocho horas y 45 minutos del día 13 de diciembre de 2008; y lo que en ella manifestó figura a los folios 367 a 370 de las actuaciones.

Rosa manifestó que había colaborado con la organización E.T.A. en el sentido siguiente: medió en la ocultación del miembro huido de dicha organización, Alonso, alias " Farsante ", y posteriormente participó en el traslado del mismo a Francia.

Relatando los prolegómenos de esta colaboración, esta acusada indicó que en las fiestas de San Ignacio que se celebran a finales de julio, Juan Enrique le comenta que Alonso había permanecido escondido en un piso, y la persona que lo ocultaba lo había expulsado del mismo, no teniendo donde ir, preguntándole Juan Enrique si ella podría esconderlo. La declarante le respondió en sentido negativo, pero le aseguró que realizaría las gestiones oportunas para hallar un lugar al respecto.

Siguió diciendo esta acusada que comentó la situación de Alonso a Araceli, que vivía en un piso que compartía con una compañera llamada Graciosa (la acusada Azucena), persona ajena por completo a estos hechos, aceptando aquélla con el consentimiento de ésta dar cobijo en su vivienda al repetido Alonso, vivienda en la que permaneció desde los últimos días del mes de julio hasta el 15 de noviembre de 2008, fecha en la que se produjo el traslado de Alonso a Francia.

Rosa prosiguió su relato narrando que encontrándose junto a Araceli e Juan Enrique en un bar de "Gestoras Pro-Amnistía" coincidieron con un tal Jon, al que pidieron que les prestara su vehículo, y con el mismo se desplazaron la declarante e Juan Enrique a Francia, haciendo labores de lanzadera, siendo seguido por Araceli y Alonso, hasta que llegaron a Luquet.

En dicha localidad francesa, Araceli se ausentó del bar donde se hallaban, dirigiéndose al lugar en el que dejó a Alonso, regresando al bar, tras haber comprobado que éste había sido recogido.

Después de todo ello, los tres retornaron a España.

Puntualizó esta acusada que después de los hechos descritos, no desarrolló ninguna otra actividad en apoyo de la organización E.T.A., a pesar de que fue solicitada su ayuda por Araceli, para llevar a cabo el traslado a Francia de Justiniano " Triqui ", teniendo conocimiento la declarante de que tenían previsto realizarlo sobre el 15 de diciembre y precisaban de una tercera persona. Mas ella se negó a intervenir.

Por último, y en relación a los 6.255 € que le fueron ocupados en el momento de su detención, Rosa alegó que tal metálico provenía de la recaudación obtenida en el local Askatasuna de Algorta, siendo ella la encargada de recoger el dinero, que tenía por finalidad el reparto posterior del mismo en asignaciones mensuales a los presos de E.T.A., así como financiación de actividades, compras de camisetas y propaganda.

Su relación con Araceli e Juan Enrique -dijo- derivaba de que los tres pertenecen a Askatasuna, ejerciendo responsabilidades en el colectivo de presos, y siendo ellos los encargados de organizar las reuniones y dinamizar las actividades.

VAMOS A TRATAR AHORA DE LA DECLARACIÓN DE LA COACUSADA Azucena EN LAS DEPENDENCIAS DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL (f.342 y 343)

Al igual que Rosa, fue detenida con posterioridad a Araceli, Juan Enrique y Baltasar, prestando declaración ante la Guardia Civil a las 3 horas y 22 minutos del día 12 de diciembre de 2008.

A preguntas del Instructor admitió haber colaborado con la organización E.T.A. con los actos siguientes: su compañera de piso Araceli, el pasado mes de junio le propuso ocultar en el piso propiedad de ésta, a un joven, del que tenía constancia que se encontraba buscado por la policía por su presunta pertenencia a E.T.A., comentándole su mencionada compañera que esta persona "se encontraba en la calle y sin comer". Araceli le aseguró que el tiempo de permanencia del mismo en la vivienda sería, aproximadamente de 6 a 15 días, en vista de lo cual, la declarante aceptó acoger a dicho huésped.

Y siguió diciendo la detenida que Araceli sólo le comunicó que el referido joven se llamaba Alonso, pero a través de los medios de comunicación, tomó cabal conocimiento de que se trataba de Alonso, "miembro huido de E.T.A., buscado por la policía".

Azucena continuó exponiendo que, durante el tiempo que permaneció Alonso en su domicilio, éste se dedicaba a ver la televisión y jugar a la videoconsola, recibiendo la visita de unos amigos suyos, "de un chico joven llamado Juan Enrique, y una persona mayor llamada Duquesa ". En dichas visitas la declarante estaba ausente, desconociendo por tanto las conversaciones mantenidas entre ellos.

Culminó su declaración indicando la detenida que Alonso se ausentó de la vivienda a finales del mes de octubre o principios de noviembre, sin que desde entonces supiera algo relativo a esta persona.

Con todo lo expuesto en este fundamento jurídico, el Tribunal considera convenientemente analizadas las manifestaciones emitidas por los cinco acusados en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil en la capital de España, declaraciones siempre prestadas ante letrados designados por el turno de oficio, que en momento alguno formularon protestas, previa instrucción siempre de todos sus derechos, y con continuas visitas del Sr. médico-forense y de las facultativos poseedoras de la confianza de las personas detenidas, en orden a vigilar el estado de salud de las mismas, y el trato que se les estaba dispensando en dichas dependencias, y que dicho todo lo dicho, fue correcto, desprovisto de la auténticas atrocidades descritas en el acto del plenario, pero todo eso sin la más mínima base probatoria asumible en derecho.

Esto ya lo hemos apuntado anteriormente, pero queremos reiterarlo.

Noveno.-No debemos de obviar las declaraciones de los detenidos ante la autoridad judicial, una vez puestas estas personas a su disposición, procediendo a continuación a analizar lo que en el transcurso de las mismas manifestaron los acusados, al margen de los alegados malos tratos y torturas.

DECLARACIONES JUDICIALES

Sigamos el mismo orden que el observado en las declaraciones policiales, y así:

- Araceli

Ante la autoridad judicial prestó declaración ante el Magistrado- Juez el 13 de diciembre de 2008 (f.689 y 690) asistida de letrado e intérprete de euskera.

Inició su declaración diciendo: "que no ratifica la declaración prestada ante la Guardia Civil, y que se acoge a su derecho a no declarar".

El Ministerio Fiscal presente en dicho acto, no le formuló pregunta alguna, en congruencia con el deseo expresado por la detenida.

No ocurrió lo mismo con la Sra. letrada que la defendía, D.ª Haizea Zuloaga, a cuyas preguntas Araceli respondió de manera profusa, ofreciendo un relato referente a las torturas, que dijo haber sufrido a manos de la Guardia Civil, tras su detención, al que ya nos hemos referido, sin hacer referencia alguna a otras cuestiones harto comprometidas y objetivamente demostradas (f.690). Estrategia defensiva comprensible.

- Juan Enrique (F. 695 Y 696)

Ese mismo día se le recibió declaración en el Juzgado Central de Instrucción n.º1, y siguiendo la misma línea que su anterior compañera, el detenido mostró su desacuerdo con las declaraciones que prestó ante la Guardia Civil, tras su detención, manteniendo también que lo que entonces dijo fue debido a las torturas a las que fue sometido.

Pero al menos no se contentó con ello solo, pues Juan Enrique ofreció una explicación respecto a su presencia en el país vecino en el segundo de los viajes, diciendo que: "fue a Francia con Baltasar, en un Opel Zafira propiedad de Andoni, siendo esta la vez primera que el declarante accedía a dicho vehículo".

Decía Juan Enrique que con el mencionado Opel Zafira se desplazaron a la localidad francesa de Cotelet, a fin de buscar un piso de temoporada de esquí, y no a Gerder, cuya ubicación ignoraba.

Juan Enrique, respecto al resto de los acusados, manifestó que a Araceli la conocía simplemente de verla por el pueblo, y frecuentar los mismos bares. De Baltasar nada explicó al respecto; y en relación a los individuos trasladados a Francia, Justiniano y Alonso, dijo que al primero, sabía de su existencia por frecuentar lugares comunes y a Alonso porque era de su pandilla.

A preguntas del Ministerio Fiscal, reiteró que no trasladó a Francia ni a Justiniano ni a Alonso ni a nadie, añadiendo que llevaba un seguimiento de sus amigos que estaban en la carcel, si están en aislamiento. No pertenece a "Gestoras" ni a Askatasuna.

Por último, a preguntas de su defensa, relató las torturas a las que dijo haber estado sometido (f.696).

- Baltasar (f. 692 y 693)

Compareció en el Juzgado Central de Instrucción n.º1 el 13 de de diciembre de 2008, y acogiéndose a su derecho, manifestó NO QUERER DECLARAR, NI NADA DIJO RESPECTO A TORTURAS O MALOS TRATOS.

- Rosa (F.701 Y 702)

Como todos, compareció en el Juzgado Central de Instrucción n.º1 el 13 de diciembre de 2008, manifestando ante el Instructor que: "se afirma y ratifica en las declaraciones prestadas ante la Guardia Civil".

A preguntas de su defensa sobre el trato recibido en las dependencias de la Guardia Civil, manifestó: "que en un primer momento le pusieron la bolsa, y sólo le dieron golpes en la cara durante el viaje, pero luego el trato fue correcto".

- Azucena (f.698 y 699)

Esta procesada, ante el Juzgado Central de Instrucción n.º1, haciendo uso del derecho que le asiste, manifestó su deseo de guardar silencio.

El Ministerio Público presente en dicho acto, de acuerdo con tal deseo, no le dirigió pregunta alguna, pero sí lo hicieron los Sres. letrados que le asistían, D. Iñaki Goyoaga Llano y D.ª Haizea Zuluaga, para interrogarle acerca del trato recibido tras su detención, y sólo por este tema, relatando la referida haber sido víctima de un comportamiento inhumano, ignominioso, que imputó a los miembros de la Guardia Civil, y dijo haber padecido tanto en su traslado desde su ciudad natal hasta Madrid, como durante su permanencia en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil, haciéndolo de manera muy similar a como se pronunció en el acto del plenario.

Décimo.-- Pues bien, con la exposición de las declaraciones de los acusados en el transcurso de la presente causa, (policiales, judiciales y las vertidas en el acto del plenario), damos por concluido el análisis del primer bloque probatorio de cargo, constituido por las manifestaciones emitidas por los procesados en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil, rechazando -como ya hemos expresado antes- que tales dichos proferidos por estas personas, cuando se encontraban detenidos e incomunicados, fueran producto de amenazas y torturas inferidas mediante los maquiavélicos actos que los enjuiciados refirieron en la vista oral; y que alguno de ellos (Araceli, Juan Enrique y Azucena), también relataron, si bien con mucha menos profundidad al Ilmo. Sr. Magistrado-Juez Instructor.

Pero las referidas declaraciones prestadas por los detenidos, a pesar de haber sido obtenidas con la observancia de todas las garantías legales, siempre con asistencia de letrado, previa instrucción de todos sus derechos, y, además, con la continua intervención del Sr. médico-forense del Juzgado Central de Instrucción n.º1 acompañado por las Sras. facultativas designadas por los propios detenidos -los cuales, por cierto, en momento alguno permitieron ser reconocidos, episodio que no debemos desdeñar- y teniendo bien presente que el instructor y el secretario comparecieron en la vista oral, testificando sobre las condiciones, formas y maneras en las que los detenidos prestaron ante ellos sus respectivas declaraciones, con el resultado ya expuesto.

Dicho todo esto, que nos llevaría a la conclusión de la real y efectiva existencia de una prueba incriminatoria de importante valor, no puede pasar inadvertida la táctica diseñada y llevada a efecto por los Sres. letrados, tanto en el periodo de instrucción sumarial como en el acto del plenario, táctica que ya ha sido expuesta, si bien de manera implícita, consistente en: omitir en todo momento la presunta participación de los acusados en los hechos que les atribuía el Ministerio Fiscal, guardando al respecto el silencio más absoluto en relación con los hechos enjuiciados, tratándolos como si éstos no existieran.

Pero existen, y están ahí, y tan ahí que nos permiten abordar desde este mismo instante el segundo bloque probatorio, descrito en el anterior fundamento jurídico, y que ahora pasamos a analizar.

Undécimo.-DATOS OBJETIVOS DE CORROBORACIÓN EXTERNA QUE SUSTENTAN LA VERACIDAD DE LAS DECLARACIONES DE LOS PROCESADOS ANTE LA GUARDIA CIVIL.

La veracidad de tales declaraciones la extrae el tribunal, aplicando a su raciocinio los principios de la más elemental lógica, en consonancia con los hechos objetivos de corroboración externa, periféricos, facilitados por los propios detenidos, de los que los funcionarios de la Guardia Civil que intervinieron en la toma de declaraciones, no conocían; nos referimos a los datos concretos referidos a las medidas de seguridad que los procesados Araceli, Juan Enrique, Rosa y Baltasar, adoptaron en sus desplazamientos a las localidades francesas referidas y su posterior regreso a España, tan repetidas en esta sentencia, pero que, por fuerza, debemos traer de nuevo a colación en este fundamento jurídico.

1) Utilización siempre de vehículos y de teléfonos móviles ajenos.

2) Durante los desplazamientos, las continúas transmisiones de mensajes SMS o la realización de llamadas perdidas, dependiendo de que los ocupantes del vehículo lanzadera detectaran controles policiales en el trayecto o no hallaran obstáculo alguno.

3) Contenido de los mensajes SMS, revelados por los acusados en sus declaraciones ante la Guardia Civil cuyo contenido fue constatado posteriormente.

Este dato nos resulta de crucial importancia.

Los miembros de la Guardia Civil, instructor del atestado, con carnet profesional NUM016, y NUM017, que depusieron en el plenario en calidad de peritos, relataron ante este Tribunal que realizaron un informe sobre los teléfonos móviles incautados a los procesados tras su detención, efectuando un estudio de las llamadas, informe que aparece en el Rollo de sala a los folios 129 a 136, y cuyas conclusiones son la siguientes:

"Existen 8 coincidencias entre las llamadas indicadas en el análisis del teléfono Nokia con número de IMEI NUM018 y el teléfono LG KU380 con número de IMEI NUM019, estimándose que la discrepancia horaria (de unos 7 minutos) es debida a la diferencia de hora del sistema de los terminales.

Ambos análisis no son totalmente coincidentes ya que cabe la posibilidad que alguno de los SMS o llamadas hayan sido borradas por el usuario a través de las opciones de borrado del correspondiente terminal.

Tras el análisis de las declaraciones de los detenidos y los datos obtenidos del clonado de los teléfonos marca LG modelo KU380 con número de IMEI NUM019, y marca Nokia con número de IMEI NUM018, (los ocupados a Araceli y Baltasar tras sus detenciones) y cuyo detalle se expone en el presente informe, se concluye que ambos terminales fueron utilizados como medio de enlace y medida de seguridad durante el traslado del miembro de la banda terrorista E.T.A. Justiniano hasta la localidad de Gerde (Francia)".

Dichos peritos, respondiendo a las preguntas de las defensas manifestaron que existen diversas llamadas que no se reflejan en el informe, pero ello era debido a que habían sido borradas por los propios usuarios, detectando muchas sin contenido, que parecen ser llamadas perdidas.

Todas estas cuestiones eran completamente ignoradas por el instructor y secretario que intervinieron en las declaraciones de los acusados en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil, siendo por tanto radicalmente incierto que los detenidos fueran obligados a decir lo que dijeron.

Y ahora entramos en el tercer bloque de pruebas de cargo.

DECIMO-SEGUNDO.- DECLARACIONES TESTIFICALES DE LOS GUARDIAS CIVILES CON CARNET PROFESIONAL NUM014 Y NUM015.

En el relato de Hechos Probados, refiriéndonos al segundo traslado relativo a Justiniano, decíamos que los acusados intervinientes en el mismo, Araceli, Juan Enrique y Baltasar, venían siendo objeto de vigilancias y seguimientos, pudiendo comprobar los agentes con n.º de carnet profesional NUM014 y NUM015 como en la mañana del día 8 de diciembre de 2008 todos ellos se desplazaron a Francia en los vehículos Opel Zafira, ocupado por Juan Enrique y Baltasar, que actuaban de lanzadera, y el Skoda, en el que viajaban Araceli y el trasladado Justiniano, siendo seguidos por dichos agentes, que vieron como llegaron a la localidad francesa de Bigorre, dirigiéndose el turismo Skoda hasta las inmediaciones de la iglesia Bagnere, apeándose allí el repetido Justiniano portando una palmera de chocolate, siendo recogido más tarde por unos individuos.

También observaron los mencionados funcionarios como después volvió a aparecer Araceli en las cercanías de la iglesia, cerciorándose que Justiniano ya no estaba allí, habiéndose cumplido el objetivo perseguido.

Y todo esto lo relataron los referidos testigos en el acto del plenario, de manera firme y clara, constituyendo sus dichos sólida prueba, que reafirma la realidad de las declaraciones policiales emitidas por los tres procesados intervinientes en estos eventos, que poco después fueron detenidos, cuando regresaban a España en la localidad de Irún.

DECIMO-TERCERO.- ABSOLUCIÓN DE Azucena.

En el relato histórico de esta sentencia cuando nos referíamos a la acusada Azucena, veníamos a decir que su única participación en los hechos fue consentir el alojamiento en la vivienda que compartía con Araceli, de Alonso, individuo este huido y perseguido por las fuerzas policiales por su presunta vinculación con la organización terrorista E.T.A., y todo ello a petición de su compañera; y puntualizábamos: "sin que conste que a esta última (Graciosa) la repetida Araceli le indicara algo respecto a las circunstancias del futuro huésped".

Como prueba de cargo que pesa sobre la procesada que ocupa ahora nuestra atención, sólo hallamos la declaración prestada por la misma en las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil, de indudable signo autoinculpatorio, pero nada más que esa, a diferencia de Rosa, que a presencia judicial ratificó plenamente manifestaciones anteriores negando la existencia de malos tratos, y a gran diferencia de los otros tres procesados, cuyas declaraciones prestadas ante la Guardia Civil quedaron corroboradas por datos objetivos externos, y por la prueba testifical analizada.

Por otro lado, a Azucena nunca la inculparon sus compañeros de banquillo en sus declaraciones. Al contrario, Rosa la calificaba como persona ajena a estos avatares ante la Guardia Civil.

Por ello, este Tribunal, considerando que su sola declaración autoinculpatoria resulta insuficiente para considerar enervado el principio de presunción de inocencia, estima procedente absolver a dicha persona del delito del que venía siendo acusada por el Ministerio Fiscal.

DECIMO-CUARTO.- PRUEBAS DE DESCARGO PRACTICADAS EN JUICIO.

En el plenario se practicó prueba testifical propuesta por las defensas de los acusados en sus escritos de conclusiones provisionales, Araceli, Azucena, Rosa e Juan Enrique, y admitidas por este Tribunal.

Al efecto depusieron en tal acto los siguientes testigos:

D. Elias, D.ª Vanesa, D.ª Almudena, D. Joaquín, D. Marco Antonio, D. Bartolomé, D. Ernesto, D.ª Inés y D. Jaime.

- El primer testigo citado, D. Elias nos contó que era veterinario, y su ayudante fue la acusada Araceli durante todo el año 2008, asegurando que durante todo el mes de noviembre de ese año, en el que se desarrolló una campaña, estuvo con Araceli de lunes a sábado, aportando el correspondiente documento acreditativo de tales extremos.

Mas ignoramos si el testigo permaneció con su ayudante de sol a sol -lo que no resulta ni siquiera lógico- y tanto el primer como el segundo viaje a Francia fueron fugaces, rápidos, por lo que la declaración de este testigo no contradice en absoluto la tesis acusatoria del Ministerio Fiscal.

- Los siguientes testigos, Sra. Vanesa, Sra. Almudena y Sr. Joaquín, fueron traídos al plenario a instancias de la defensa de Azucena; pero visto el resultado anticipado en el anterior fundamento jurídico, referido a esta acusada, a pesar del insignificante valor que los testimonios prestados por estas personas contribuirían a su exculpación, omitimos penetrar en el análisis de sus manifestaciones vertidas ante este Tribunal, al resultar innecesarios.

- Los testigos Sres. Marco Antonio, Bartolomé y Ernesto propuestos por la defensa de la acusada Rosa, en sus respectivas actuaciones en el plenario pusieron de manifiesto que esta acusada, profesora de música, a la que todos los habitantes de su localidad conocen, al haber impartido las enseñanzas propias de dicho arte, y participar además en todos los festejos que tienen lugar en las localidades ubicadas en la Comunidad Autónoma del País Vasco, presentaba un perfil de persona opuesta radicalmente a la violencia, especificando el testigo Bartolomé que, cuando se produjeron los espantosos hechos que culminaron con el asesinato de Miguel Ángel Blanco, protagonizados por miembros de la organización terrorista E.T.A., la acusada Rosa lloraba amargamente por la víctima.

Por su parte, el testigo Ernesto, que fue concejal en el Ayuntamiento de Getxo por Eusko Alkartasuna, manifestaba que nunca oyó a Rosa manifestarse a favor de la violencia llevada a cabo por la organización terrorista E.T.A.; y la conocía bien porque esta persona era muy popular y querida por los habitantes de su ciudad natal. Era la genuina profesora de música del pueblo, que impartía dicha disciplina entre aquéllos que deseaban recibirla, acudiendo a ella a tales efectos, hijos de miembros de la policía autónoma vasca, como eran los del testigo Bartolomé, que ostentaba tal condición.

Este Tribunal, analizando los testimonios expuestos, entiende que los mismos no desvirtúan, ni en un solo ápice, el contenido de las pruebas incriminatorias que ha de soportar la procesada Rosa.

No vamos a dirimir acerca de la veracidad de las manifestaciones emitidas por estos testigos -aunque perfectamente podríamos hacerlo, exponiendo un cúmulo de circunstancias que nos autorizaría a ello como son: 1) Las relaciones que todos estos testigos tenían con la procesada: profesora de ellos y de sus hijos, compañera en los conjuntos musicales que actuaban en localidades diversas de la Comunidad Autónoma del País Vasco. 2) El indiscutible afecto y la gran confianza que los testigos demostraron en el plenario hacia esta persona, considerándola, a la postre, como alguien absolutamente inidónea para protagonizar los hechos que llevó a cabo, sensaciones captadas por este Tribunal, merced al principio de inmediación.

Porque gracias a él, observábamos los gestos de estos testigos, y analizábamos sus respuestas, y la forma en que se produjeron -espontáneas y reales- distinción que se captaba en el solemne acto del juicio oral.

Tras todas estas apreciaciones, meditadas y debatidas por los miembros de este Tribunal, llegamos a la conclusión siguiente que ya expresábamos antes: las testificales comentadas no alteran en absoluto el valor de las pruebas de cargo que nos van a conducir a la condena de esta acusada, pues las mismas no se refieren a los hechos delictivos, tratándose más bien de apreciaciones subjetivas acerca de la personalidad de Rosa, y nada más.

- Por último los testigos que depusieron en el plenario a instancias de la defensa de Juan Enrique, D.ª Inés y D. Jaime, manifestaron que, precisamente, el día 15 de noviembre de 2008 se celebraba en su localidad la llamada fiesta de las lentejas en una especie de explanada, manteniendo ambos que Juan Enrique permaneció todo el día en tal fiesta, pues formaba parte del equipo organizador encargado de las sillas a utilizar por los comensales; y decía la primera de las testigos mencionadas que Juan Enrique no se ausentó de allí ni por la mañana ni por la tarde.

Su defensa letrada exhibió al Tribunal varias fotografías donde se observaba a múltiples personas departiendo en una larga mesa, personas que vestían prendas veraniegas, a pesar de la fecha de la fiesta -15 de noviembre de 2008- en pleno invierno y a la intemperie.

Por su parte, el testigo Jaime manifestó ser amigo del acusado y haber permanecido dicho día disfrutando con éste.

Tales testimonios no nos ofrecen credibilidad alguna, resultando evidente el interés que ambas personas tenían en lograr la exculpación de Juan Enrique en el primero de los desplazamientos a Francia.

Las pruebas de cargo permanecieron incólumes, sin lugar a duda alguna.

Antes de culminar el presente fundamento jurídico, debemos dar la oportuna respuesta a una objeción planteada por la defensa de Juan Enrique.

Estimaba dicho letrado que en las actuaciones no aparecía acreditado que los trasladados a Francia, Alonso y Justiniano fueran miembros o colaboradores de la organización terrorista E.T.A., por lo que, a su entender, no podía considerarse que los acusados hubieran colaborado con tal organización.

El Tribunal disiente de tal parecer.

Los dos referidos estaban siendo perseguidos por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por su presunta integración en dicha organización terrorista y los procesados para favorecer a tal organización -no ya tanto a Alonso y a Justiniano - protagonizaron los hechos que se reflejan en el relato histórico de esta sentencia, incurriendo en las previsiones típicas del artículo 576.1 del Código Penal.

DECIMO-QUINTO.- PROPORCIONALIDAD DE LAS PENAS.

El Ministerio Fiscal solicitó para los acusados la imposición de las siguientes penas:

- Para Araceli, SIETE AÑOS de prisión y multa de DIECIOCHO MESES, a razón de diez euros diarios.

- Para Rosa, Juan Enrique y Baltasar, CINCO AÑOS de prisión y multa de DIECIOCHO MESES, a razón de diez euros diarios.

Respecto a las penas pedidas para los últimos referidos, al ser la mínima a imponer, tal y como establece el artículo 576.1 de nuestro Código Penal, nada tenemos que motivar al respecto, como tiene sentado nuestro Tribunal Supremo.

La pena instada para Araceli, superior en dos años a la de sus compañeros, se corresponde a la pena tipo, en su mitad inferior y la hallamos perfectamente justificada.

Del relato de Hechos Probados se extrae sin dificultad el papel preponderante desempeñado por esta acusada en los hechos de autos: fue la persona que buscó a Juan Enrique para que actuara de lanzadera, la que materialmente transportaba a los huidos a las localidades francesas referidas, para que contactaran con otros individuos, llevándolos al lugar exacto concertado para dichos encuentros, preocupándose después de cerciorarse del éxito de la operación, la que está presente en todos los acontecimientos etc.

Por eso la diferencia punitiva señalada, resulta absolutamente correcta.

DECIMO-SEXTO.- Las costas procesales se entienden impuestas legalmente a todo responsable de delito o falta, por imperativo del artículo 123 del Código Penal.

Vistos los preceptos legales citados y demás de general y pertinente aplicación,


FALLAMOS


 
1) QUE DEBEMOS CONDENAR Y CONDENAMOS a la acusada Araceli, como autora criminalmente responsable del delito ya expresado, a las penas de SIETE AÑOS DE PRISIÓN, multa de DIECIOCHO MESES, a razón de 10 € diarios, e inhabilitación absoluta durante DOCE AÑOS.

2) QUE DEBEMOS CONDENAR Y CONDENAMOS a Rosa, Juan Enrique y Baltasar, como autores criminalmente responsables de la misma figura delictiva, a la pena de CINCO AÑOS DE PRISIÓN, multa de DIECIOCHO MESES, a razón de 10 € diarios, e inhabilitación absoluta durante DOCE AÑOS.

3) QUE DEBEMOS ABSOLVER Y ABSOLVEMOS a la acusada Azucena, del delito del que venía siendo acusada por el Ministerio Fiscal, declarándose de oficio la parte que corresponda de las costas procesales causadas.

Los procesados condenados deberán hacer efectivas las costas procesales en la proporción que les corresponda.

Notifíquese esta sentencia a las partes, haciéndoles saber que contra la misma pueden interponer recurso de casación, por infracción de ley o quebrantamiento de forma, ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo, que deberá ser anunciado en el plazo de cinco días, a contar desde la última notificación.

Así, por esta nuestra sentencia, de la que se llevará certificación al Rollo de Sala y se anotará en los Registros correspondientes, la pronunciamos, mandamos y firmamos.

Publicación.-Leída y publicada ha sido la anterior sentencia por la Magistrada Ponente Ilma. Sra. D.ª ÁNGELA MURILLO BORDALLO, estando celebrando audiencia pública el día de su fecha. Doy fe.


Este documento reproduce el texto oficial distribuido por el Centro de Documentación Judicial (CENDOJ). Lex Nova se limita a enriquecer la información, respetando la integridad y el sentido de los documentos originales.
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