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Sentencia T.S.J. Cataluña 25/2010, de 30 de septiembre


 RESUMEN:

Delito de asesinato. Prueba testifical: Doctrina del Tribunal Supremo y criterios para su valoración. Pruebas indiciarias: Doctrina del Tribunal Supremo. Testigo de referencia: Admitido por el sistema procesal.

SENTENCIA

En Barcelona, a 30 de septiembre de 2010

Visto por la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, integrada por los magistrados al margen expresados, el recurso de apelación interpuesto por Celso contra la sentencia dictada en fecha 18 de marzo de 2010 por el Tribunal del Jurado de la Audiencia Provincial de Barcelona, recaída en el Procedimiento núm. 16/09 del indicado Tribunal del Jurado, derivado de la Causa de Jurado núm. 1/08 del Juzgado de Instrucción n.º 6 de Barcelona. El referido apelante ha sido defendido en el acto de la vista en este Tribunal por la letrada Sra. D.ª Anna Díez Llàcer y ha sido representado por el procurador Sr. D. Andreu Oliva Basté. Han sido partes apeladas el MINISTERIO FISCAL y Felix, en calidad de acusación particular, quien ha sido defendido por el letrado Sr. D. Abselam Dris Hamadi y representado por el procurador Sr. D. Lluc Calvo Soler.


ANTECEDENTES DE HECHO


 
Primero.-El día 18 de marzo de 2010, en la causa antes referenciada, recayó Sentencia del Tribunal del Jurado de la Audiencia Provincial de Barcelona, en cuyo relato de hechos probados se hacían constar como tales los siguientes:

"Único.-Siendo aproximadamente las 14.00 horas del día 19 de junio de 2008 se encontraba Maximino en la cocina de su vivienda, sita en el piso [...] de Barcelona. En la cocina -de las llamadas "americanas" y abierta al salón- estaba Felix preparándose una bebida, estando bajo los efectos de una previa ingesta alcohólica, lo que mermaba de manera particularmente intensa su capacidad de percepción, comprensión y coordinación.

Cuando se encontraba en dicho lugar y estado, se le acercaron el acusado Celso (mayor de edad y sin antecedentes penales computables) y otra persona. Aprovechando estas circunstancias y acorralando a Felix en el reducido espacio destinado a cocina, le atacaron de forma súbita e imprevista armados con sendos cuchillos de cocina. El acusado Celso -con la intención de dar muerte a Felix y de hacerlo sin riesgo personal ninguno- lanzó de inmediato una serie de puñaladas contra su víctima, quien -sin poder evitarlo- resultó alcanzado en diversas partes del cuerpo en quince ocasiones.

Felix falleció como consecuencia exclusiva de las heridas causadas, consistentes en herida incisa de 6 cm. en la cara externa y anterior de la muñeca derecha con sección parcial del hueso radio; herida inciso punzante de 3 cm. en el tercio superior de la cara interna del brazo izquierdo; herida inciso punzante de 2 cm en tercio superior de cara antero externa de antebrazo izquierdo; herida inciso punzante de 5,7 cm en tercio superior medio en borde cubital de antebrazo izquierdo; herida inciso punzante de 3,5 cm en cara anterior del hemitórax izquierdo que secciona el cartílago costas de la 10.ª costilla penetrando en cavidad torácica y afectación del saco pericárdico y dejando un ojal de 3 cm a la altura de la punta cardiaca; herida inciso punzante de 2,8 cm en cara interna del tercio superior de la pierna derecha; herida inciso punzante de 2 cm en cara externa del tercio superior del muslo izquierdo; herida inciso punzante en cola de pez de 2,7 cm de disposición casi vertical en región lumbar derecha que perfora el riñón y con afección al hígado; herida inciso punzante de 4,5 cm en cara externa de nalga derecha; herida inciso punzante de 2,8 cm de disposición vertical en cara interna de nalga derecha, herida inciso punzante de 3 cm en zona media de nalga izquierda de 10 cm de profundidad y que perfora el recto; herida inciso punzante de 3,7 cm en cara posterior del muslo derecho afectando el plano muscular con inflitrado hemorrágico; herida inciso punzante de 2 cm en tercio superior de cara externa de muslo izquierdo; herida inciso punzante de 3,8 cm en tercio medio de cara posterior de muslo izquierdo y herida inciso punzante de 1,2 cm en región gemelar derecha."

La aludida sentencia contenía la siguiente parte dispositiva:

"Que considerando el veredicto de culpabilidad dictado por el Tribunal del Jurado y las razones en las que se asienta, debo condenar y condeno a Celso como autor responsable de un delito de asesinato del artículo 139.1 del Código Penal, sin la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, a la pena de prisión por tiempo de diecisiete años e inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena en los términos expresados en el artículo 41 del mismo texto punitivo. Todo ello condenándole como le condeno a que indemnice a cada uno de los progenitores de Felix que le sobrevivieran, a la cantidad para cada uno de ellos de 100.000 euros y en 30.000 euros a cada uno de los hermanos que se justifiquen estar en idéntica situación; así como al pago de las costas procesales causadas, incluyendo las derivadas de la intervención en el proceso de la acusación particular".

Segundo.-Contra la anterior resolución, la representación procesal del acusado Celso interpuso en tiempo y forma el presente recurso de apelación, que se ha sustanciado en este Tribunal de acuerdo con los preceptos legales, con el resultado que es de ver en la diligencia extendida al efecto unida a las presentes actuaciones.

Ha actuado como ponente el magistrado de esta Sala Ilmo. Sr. D. Carlos Ramos Rubio.


FUNDAMENTOS DE DERECHO


 
Primero.-1. Interpone su recurso de apelación el condenado por el Tribunal del Jurado, conforme al art. 846.bis c), apartado e) de la LECrim, en base a un único motivo, por vulneración del derecho a la presunción de inocencia, consagrado en el art. 24.2 CE, "toda vez que se constata... una insuficiente prueba de cargo, una falta de validez de la utilizada para formar convicción y, en consecuencia, un resultado valorativo de la misma falto de racionalidad".

Partiendo de la motivación del veredicto y de la contenida en su desarrollo en la sentencia recurrida, de las que resulta que el convencimiento del Jurado sobre la culpabilidad del recurrente (hechos 19 y 20) se alcanzó, primordialmente, en base a las declaraciones de dos testigos que no comparecieron en el juicio oral, Julio (alias "Torero") y Nazario, la primera preconstituida y la segunda enunciada en el juicio oral por un testigo de referencia (mosso d'esquadra núm. [...]), y, complementariamente, en virtud de una serie de indicios -según se dice- inconsistentes, el recurrente alega que dicha prueba de cargo es insuficiente para vencer la presunción de inocencia.

2. En efecto, por lo que respecta a la declaración adecuadamente -así se admite- preconstituida de Julio (" Torero "), testigo directo de los hechos del que no pudo lograrse de ninguna forma su comparecencia al juicio oral, el recurrente afirma que "fueran cuales fuesen los motivos por los que el testigo declaró lo que declaró, lo que no puede obviarse es que sus declaraciones [tres en total] no son todas ellas coincidentes... lo cual siembra dudas acerca de la veracidad de las mismas", más aún si se tiene en cuenta la "mentira" constatada sobre la autoría de las lesiones padecidas por el propio testigo, lo que "levanta dudas acerca de [una] previa relación de enemistad" con el acusado y su "posible motivación malintencionada", por lo que constituye una prueba "objetivamente" insuficiente para probar la participación del acusado.

Por otra parte, considera el recurrente que tampoco puede acudirse para confirmar la credibilidad del testigo presencial a la declaración del mosso d'esquadra núm. [...], testigo de referencia de lo que declaró exclusivamente ante la Policía otro compañero de la víctima, Nazario -asimismo testigo presencial de los hechos-, porque nada se hizo por procurar la asistencia de este último al juicio oral, pese a que desde el primer momento dijo tener un domicilio estable en Francia (Perpignan) y pese a que facilitó a la Policía un número de teléfono de contacto.

3. Finalmente, el recurrente aduce que ninguno de los demás elementos de convicción que se mencionan por el Jurado en la motivación del veredicto (hechos 19 y 20) tiene consistencia probatoria para acreditar la participación del acusado en los hechos enjuiciados, puesto que:

a) el testigo (Argimiro) que dijo haber visto poco después de los hechos a "una persona de color" arrojar un cuchillo en "una obra" cercana al lugar, no pudo reconocer al acusado y, además, el cuchillo -que fue intervenido dos días después de los hechos- carecía de vestigio alguno que lo relacionara directamente con el crimen o con el propio acusado;

b) la circunstancia de que el acusado fuera detenido en Suiza "días después" del homicidio, no significa que "se fugara a otro país el mismo día del ataque";

c) la supuesta "mala relación" entre la víctima y el acusado sólo es afirmada por el testigo Julio (" Torero ") -cuya credibilidad precisamente se pone en entredicho- y no es corroborada por nadie más; y

d) las huellas dactilares y palmares del acusado en la vivienda donde se produjo el asesinato -en la puerta de entrada y en un armario- y en el periódico que envolvía el cuchillo utilizado para el crimen, encontrado en las cercanías del lugar, carecen de virtualidad incriminatoria si se tiene en cuenta que, junto a ellas, fueron encontradas también las huellas de otros, que no pudo determinarse en qué momento fueron impresas las del acusado y que su presencia en el lugar de los hechos se explica porque frecuentaba la casa de la víctima.

Segundo.-1. La prueba testifical preconstituida durante el sumario a presencia, en todo caso, del juez de instrucción (SSTS 2.ª 197/2005 de 15 feb., 1004/2005 de 4 jul., 1150/2005 de 4 oct. y 208/2010 de 18 mar.), por causa justificada (STS 2.ª 192/2009 de 24 feb.), cuya grabación puede ser dispuesta en soporte videográfico sin que ello precise de una resolución judicial motivada (STS 2.ª 5/2005 de 21 ene.), siempre que el testimonio no pueda reproducirse en el juicio oral de la forma ordinaria, procurando para ello la presencia del testigo (SSTS 2.ª 590/2004 de 6 may. y 771/2006 de 18 jul.), sino sólo, conforme al art. 730 LECrim, mediante la pública lectura o reproducción de la diligencia sumarial, que determine su efectiva introducción en el debate (SSTS 2.ª 1631/2003 de 5 dic., 197/2005 de 15 feb. y 995/2006 de 18 oct.), constituye un medio de prueba objetivamente válido, adecuado y suficiente para sustentar una sentencia condenatoria, sin afectar al derecho fundamental a la presunción de inocencia, cuando, además, se halla corroborada por otros elementos de convicción complementarios o periféricos (SSTS 2.ª 1034/2005 de 14 sep., 1348/2005 de 17 nov., 995/2006 de 18 oct., 770/2007 de 19 sep., 208/2010 de 18 mar. y 569/2010 de 8 jun.).

Con esta conclusión se muestra sustancialmente conforme el sumo intérprete de la Constitución (vid. p.e. las SSTC 344/2006 y 345/2006, ambas de 11 dic.), para el cual no admitir esa validez "supondría hacer depender el ejercicio del "ius puniendi" del Estado del azar o de la malquerencia de las partes (amenaza a los testigos)" (STC 41/91 de 25 feb., con cita de las SSTC 107/85, 182/89 y 154/90).

2. Cuestión diferente es la relativa al juicio sobre la credibilidad del testigo, el cual, como es comúnmente conocido, sólo es posible afrontar en esta alzada dentro de ciertos límites, derivados de la ausencia de una fase probatoria específica.

En efecto, como nos recuerda la jurisprudencia (las SSTS 2.ª 381/2010 de 27 abr. y 726/2010 de 22 jul., entre algunas de las más recientes) cuando se trata de prueba testifical, su valoración depende en gran medida de la percepción directa, de forma que la determinación de la credibilidad que corresponde otorgar a cada testigo es tarea atribuida al Tribunal de instancia, en virtud de la inmediación fundada en la "percepción sensorial", sin que su criterio pueda ser sustituido por el tribunal encargado de la revisión de la prueba -ya sea de apelación o de casación-, salvo los casos excepcionales en los que se aporten datos o elementos de hecho no tenidos en cuenta por aquel Tribunal que puedan poner de relieve una valoración arbitraria o ilógica. Por lo tanto, el juicio sobre la prueba practicada en la instancia es sólo revisable en lo que concierne a su estructura racional, es decir, en lo que respecta a la observación por parte del Tribunal de los hechos de las reglas de la lógica, los principios de la experiencia y los conocimientos científicos.

Ni siquiera podría suscitarse esta cuestión so pretexto de tratarse, en este caso, de una prueba personal recogida en un soporte audiovisual, susceptible por tanto de reproducción en esta alzada en las mismas condiciones técnicas y prácticas en que lo fue en la instancia, puesto que, con carácter general, este tipo grabaciones no condicionan la exigencia de inmediación, así como tampoco las de publicidad y contradicción, ni habilitan sin más al tribunal de apelación para la revisión de las "pruebas personales" (SSTC 120/2009 de 21 may., 2/2010 de 11 ene. y 30/2010 de 17 may.), máxime cuando en el recurso de apelación de la Ley del Jurado no está prevista ninguna fase probatoria en la que poder llevar a cabo ese examen en presencia de las partes, al margen de lo contemplado en el art. 726 LECrim (STS2.ª 293/2007 de 10 abr.).

Tercero.-1. Según resulta del acta de votación del veredicto, el Jurado adquirió mayoritariamente (8 a 1) el convencimiento sobre la culpabilidad del acusado, previa consideración congruente de las proposiciones precedentes, en base a diversas pruebas practicadas en el juicio oral, pero principalmente merced a una de ellas, el testimonio de Julio (alias " Torero "), que consideró primordial, hasta el punto de que llega a calificarlo de "testigo principal" al analizar la primera de las cuestiones suscitadas en el objeto del veredicto.

Se trata de un amigo o compañero de la víctima cuyo testimonio fue propuesto para el acto del juicio oral por todas las partes -incluida la defensa- en sus respectivos escritos de conclusiones, haciendo referencia el fiscal en el suyo a que "presenció los hechos que llevaron a la muerte de Maximino ".

Como quiera que, después de declarar extensamente en la comisaría de policía y de identificar fotográficamente al acusado (folios 83 a 91, obrantes en el testimonio del sumario remitido al Tribunal del Jurado), su situación irregular y evidente carencia de arraigo en nuestro país le hiciera sospechar fundadamente al juez de instrucción que no estaría disponible para concurrir al acto del juicio oral cuando fuera citado al efecto, a la vista de la importancia de su testimonio presencial, dispuso aquél acertadamente preconstituirlo hasta en dos ocasiones (18/09/08 y 03/10/08), conforme al art. 448 LECrim, siempre en presencia del acusado y con participación de su defensa, así como con la del fiscal y la acusación particular y con la intervención de un intérprete, conforme resulta del correspondiente soporte audiovisual en el que fueron grabadas aquéllas, unido en sobre adjunto al testimonio remitido por el Juez de instrucción al Tribunal del Jurado.

El caso es que, llegado el día del comienzo de las sesiones del juicio oral (15-2-10) y constatada efectivamente la desaparición del testigo, tras resultar negativa la citación a juicio en el domicilio que había proporcionado en su día en el sumario (folios 42 y 88 del rollo del Tribunal del Jurado) y devenir infructuosas las averiguaciones encomendadas a la Policía para localizarlo (folios 50 y 102 del mismo rollo), el Fiscal solicitó al Magistrado presidente "la reproducción de las declaraciones prestadas en sede judicial y que están grabadas, pero también... la declaración prestada en comisaría y a la que se refiere constantemente en una de las declaraciones judiciales". La acusación particular se adhirió a esta proposición y la defensa "no se opuso", por lo que fue admitida congruentemente por el Magistrado presidente y se practicó en la forma propuesta en la sesión del día 16 febrero pasado.

2. Por lo tanto, el Jurado visionó en pública sesión las grabaciones de las dos declaraciones prestadas por este testigo ante el Juez de instrucción, previa lectura de la declaración efectuada previamente en la comisaría de policía (folio 83 del sumario), a la que se alude reiteradamente en aquellas dos.

De la declaración policial (20/06/08) y de la segunda y última de las prestadas ante el instructor (03/10/08), esencialmente coincidentes entre sí, se desprende -sintéticamente- que el testigo (conocido como " Torero ") asistió a un incidente o enfrentamiento previo entre la víctima y el acusado (conocido como " Birras "), sucedido el mismo día en un locutorio público, acompañado este último por otra persona -apodada " Chato ", que participó en los hechos, pero contra la que no se sigue esta causa por no haber sido hallada-, tras el cual y después de un periodo de tiempo que la víctima invirtió en consumir bebidas alcohólicas, hasta el punto de resultar afectada "de manera particularmente intensa" su capacidad de percepción, comprensión y coordinación (hecho 13), coincidieron los cuatro -testigo, víctima, acusado y acompañante de éste-, junto con otras dos personas, en el domicilio que, al parecer, a la sazón todos ellos compartían de forma más o menos estable, siendo entonces cuando -a presencia del testigo de que se trata- el acusado y su acompañante, provistos cada uno de un cuchillo de características similares, se dirigieron hacia la víctima a la que acorralaron en la cocina y, después de amenazar a los presentes para que no interfirieran en sus propósitos, le asestaron a aquélla sendas puñaladas, el acusado, en el tórax o en el abdomen, y su acompañante, en el muslo, momento que el testigo escogió para huir por una ventana al temer por su propia integridad, sin poder presenciar la conclusión del ataque.

Por su parte, en la primera de las declaraciones prestadas ante el Juez de instrucción (18/09/08) sólo existe una divergencia remarcable respecto de la versión contenida en las otras dos. El testigo dijo entonces no haber visto al acusado clavar el cuchillo en el cuerpo de la víctima, pero en todo momento mantuvo que vio como esgrimía uno -a su acompañante, " Chato ", le vio exhibir otro- y se dirigía hacia ella con aviesas intenciones, mientras el testigo intentaba avisarla a gritos del peligro que corría, y que fue entonces, sin esperar a ver nada más, cuando aprovechó para huir de la casa por una ventana, por miedo a resultar herido él mismo. De igual forma, en esta ocasión intermedia mantuvo que, tras saltar por la ventana, esperó en las inmediaciones, de manera que llegó a ver a cierta distancia que, al poco tiempo, la víctima salió a la calle sangrando y cayó al suelo, herida de muerte, sin que él llegara a acercarse por temor a ser culpado del hecho.

Se observa, por tanto, que la discrepancia o contradicción de las dos versiones ofrecidas por el testigo en cuestión es sólo relativa y escasamente relevante, y que, aun cuando se acogiera como cierta la que mantuvo en su primera comparecencia judicial -no es razonable pretender que se desechen ambas-, pese a su retractación posterior, poniendo en duda que observara al acusado usar el cuchillo, no por ello habría de resultar exculpado éste, que en cualquier caso fue visto con un arma y en una actitud que concuerda plenamente con el resultado fatal que se produjo inmediatamente después.

A este respecto, téngase en cuenta que la falta de persistencia o la existencia de contradicciones, incoherencias, inexactitudes o ambigüedades en un testimonio no anulan necesariamente la credibilidad del testigo (SSTS 2.ª 182/2010 de 24 feb. y 726/2010 de 22 jul.), cuando, atendido el sentido general de la declaración, aquéllas carecieren de entidad y, además, puedan explicarse fácilmente y de manera verosímil -como ocurre, según se dirá seguidamente, en este caso-, ello aparte de que la reclamada inequivocidad de una única y persistente versión podría llegar a ser, incluso, "más sugerente de una cuidada elaboración y de una mendaz imputación" (ATS 2.ª 1078/2010 de 13 may.).

3. De todas formas, debe advertirse que cinco días después (23/09/08) de esta primera declaración sumarial, el propio testigo compareció espontáneamente en el Juzgado de instrucción para que le fuera tomada otra, la que se ha dicho que es esencialmente coincidente con la declaración prestada ante la Policía. Pues bien, en esta segunda ocasión (03/10/08) -o, mejor dicho, tercera-, a la que fueron convocadas de nuevo todas las partes y el acusado, el testigo manifestó que en su precedente comparecencia (la del 18/09/08), a la que fue conducido como detenido -detención dispuesta judicialmente por un presunto delito de obstrucción a la justicia, por auto de 16/09/08 unido al folio 563 del testimonio remitido por el instructor al Tribunal del Jurado- no se atrevió a decir toda la verdad, influido como estaba por el temor que sintió al coincidir poco antes con el acusado en los calabozos de los Juzgados -siendo previsible, aunque nada se dice expresamente sobre ello, que lo hiciera también inmediatamente después o, al menos, que así lo temiera él-, circunstancia ésta de la que nadie pareció dudar cuando la expuso ante el Juez de instrucción, puesto que no le fueron pedidas entonces mayores precisiones, como tampoco le fueron exigidas al acusado, ni en ese momento ni tampoco en el juicio oral, ni es posible cuestionarla ahora so pretexto de que este último no hubiera sido imputado por un delito de obstrucción a la justicia (art. 464 CP), porque el testigo no describió ningún acto concreto de violencia o intimidación, pues sólo habló de su propio temor por la coincidencia con el acusado, cuya forma de resolver las disputas tenía bien presente.

Tampoco cabe atribuir la consecuencia pretendida por el recurrente a la "mentira" vertida por el testigo en sus declaraciones sobre la causa de las lesiones que él mismo presentaba en el momento de declarar ante la Policía, el día después de los hechos, "mentira" que no ha tenido trascendencia alguna por lo que se refiere a la responsabilidad penal del acusado, una vez que pudo comprobarse por el testimonio de un policía (m.e. núm. [...]) que -al menos las del pecho- ya las tenía en el día anterior al homicidio, cuando el propio testigo fue identificado como sospechoso de haber sustraído un teléfono móvil, en la elusión de cuya responsabilidad podría hallarse posiblemente la razón del embuste.

Como tampoco cabe reconocer ninguna transcendencia a la supuesta "enemistad previa" con el acusado alegada por su defensa, pero de la que no existe ni el menor indicio, hasta el punto de que ni siquiera se atreve a afirmarla el propio acusado, que se limitó a manifestar en el juicio oral que conocía al testigo desde "hacía 15 días", sin expresar ningún motivo de animadversión ajeno a los propios hechos enjuiciados, pues "se llevaban normal, nunca se habían peleado y nunca se habían robado nada uno al otro" e "ignora los motivos por los cuales le inculpa".

Cuarto.-1. Por otra parte, no debe olvidarse que en este caso el Jurado ha conferido credibilidad al testimonio preconstituido y grabado, en el sentido que finalmente se recoge en el acta de votación del veredicto, no sólo autónomamente, en función de su propia coherencia global y al margen de las inexactitudes o contradicciones existentes en él, sino, sobre todo, en atención a su corroboración por las restantes pruebas practicadas en el juicio oral, y no sólo por la declaración del testigo de referencia - asimismo cuestionado por el recurrente-, sino también por el comportamiento y las declaraciones del propio acusado (que el Jurado llega a tachar de mendaces) y por las de otros testigos (Argimiro, Felix) y peritos (doctores Dimas, Erasmo, Fidel, Héctor y Ismael; mossos d'esquadra de Policía científica núm. [...], [...], [...] y [...]; facultativos biólogos DNI [...] y TIP [...]), que sí comparecieron y depusieron en el juicio oral, conforme a lo previsto para cada caso por la Ley procesal penal (arts. 704 a 714 y 724 LECrim).

2. En efecto, el Jurado supo por las declaraciones de los funcionarios de la Policía autonómica (núm. [...], [...], [...], [...], [...]), las de los médicos forenses (Don Dimas, Erasmo, Fidel) y las de diversos peritos (m.e. núm. [...], [...], [...], [...]; TIP núm. [...]; DNI [...]) que, al hacer la inspección ocular del lugar de los hechos, se había encontrado en la calle, cerca del portal de la víctima, en una zona de aparcamiento de vehículos situada en la ruta de huida que -según el testimonio de unos vecinos y el rastro de sangre hallado por los policías que inspeccionaron el lugar- siguieron el acusado y su acompañante tras cometer su acción criminal, un cuchillo con restos de sangre de la víctima, de tamaño y características compatibles con las heridas que presentaba el cadáver de ésta, cuyo mango se hallaba envuelto en un papel de periódico -según la relación de indicios recibidos el día 20/06/08 en la Unidad Territorial de la Policía Científica de Barcelona, al folio 283 del testimonio remitido por el instructor al Tribunal del Jurado-,en el que a su vez se encontró impresa una huella palmar parcial del acusado, y ambos -cuchillo y periódico- envueltos en una bolsa de plástico con restos de sangre de la propia víctima.

Se trata éste de un indicio de especial potencialidad incriminatoria (STS 2.ª 653/2007 de 2 jul.), pese a que -como advierte el recurrente- en el papel de periódico había otras dos huellas palmares parciales, y aunque por sí solo pudiera resultar insuficiente y, sin duda, podría haber tenido mayor valor de haber estado impregnada de la sangre de la víctima, al menos sirve perfectamente para reforzar la credibilidad del testimonio presencial preconstituido.

Ciertamente, no puede decirse lo mismo -aunque ello resulta intrascendente a efectos del recurso- respecto de otras dos huellas dactilares del acusado halladas en la casa donde sucedieron los hechos, una palmar, en la parte interior de la puerta de entrada, y otra dactilar, en un armario, a las que se refieren tanto el Magistrado presidente en su sentencia -FD3.º-, entre los indicios que según su criterio y el del Jurado abonan la participación del acusado, como la fiscal que intervino en la vista del recurso, en el mismo sentido, sin precisar, sin embargo, ninguno de ellos -ni en la sentencia ni el veredicto ni en el informe- cuál pueda ser su concreta relación con el delito cometido, teniendo en cuenta que ninguna estaba tampoco manchada de sangre de la víctima y nadie ha discutido que el acusado había tenido acceso franco a la casa, al menos, en las dos semanas precedentes al crimen.

3. Por otra parte, aunque es cierto que ninguno de los testigos (Adolfo, Argimiro) que vieron huir a la carrera a dos personas del lugar de los hechos después de resultar evidente su comisión, por la ruta en que fueron encontrados tanto los dos cuchillos de características similares, que -según todas las evidencias forenses- fueron utilizados en la comisión del delito, como un delatador rastro de sangre descrito por los policías que participaron en la inspección del lugar (m.e. núm. [...], [...], [...], [...], [...]), llegó a reconocer al acusado como una de ellas, no es menos cierto que el hecho, admitido por el propio acusado, de que estaba allí al tiempo de la agresión y de que efectivamente huyó -si bien afirma que lo hizo antes del fatal desenlace-, unido al testimonio de un trabajador de una obra cercana (Argimiro), que vio a un individuo de características físicas similares a las suyas arrojar un cuchillo en el interior del recinto vallado -el segundo cuchillo cayó en una zona de agua embalsada, por lo que lógicamente no pudo hallarse en él ninguna evidencia dactilar o biológica- y de huir seguidamente ante sus requerimientos, son indicios igualmente corroboradores de la credibilidad del testimonio presencial o directo, respecto de los cuales no es razonable ni lógico exigir la misma intensidad que la propia de aquellos que están destinados a integrarse en una prueba íntegramente indiciaria.

4. Además, al Jurado le llamó la atención el comportamiento posterior del acusado que "mintió en sus declaraciones" y que "se fugó a otro país el mismo día del ataque".

El Jurado hace referencia con ello al viaje realizado inmediatamente después de los hechos por el acusado a Suiza, donde fue detenido y finalmente entregado a las autoridades españolas, por intermedio de las francesas, el día 26 de junio de 2008, y a las inverosímiles e imprecisas explicaciones que ofreció sobre los motivos que le llevaron a hacerlo tan precipitadamente, sin preocuparse siquiera por la suerte de la víctima o la de los efectos personales que abandonó en su casa (e el juicio oral dijo haberse dejado allí "una bolsa con dos camisetas").

Es cierto que el acusado negó que el motivo de su viaje tuviera que ver con la muerte de Felix o con evitar ser encontrado por la Policía, sino sólo con "buscarse la vida" y "ver el fútbol", concretamente "el Barça con Suiza", y que tenía pensado volver a España "porque tenía una causa pendiente... y tenía que volver". Pero la vaguedad de sus respuestas, en las que no pudo precisar el concreto evento deportivo que le indujo a hacer tan largo y costoso viaje y a aclarar las razones por las que escogió dicho país, terminaron por convencer al Jurado de que el verdadero motivo era poner tierra por medio, sabiendo como sabía que estaba fichado por la Policía, debido a sus diversos antecedentes penales, y que los testigos presenciales de su crimen podían delatarlo.

Aun cuando no es posible aplicar consecuencias probatorias automáticas a determinados comportamientos, es preciso tener en cuenta que se ha admitido en diversas ocasiones por la jurisprudencia del TS, como indicio periférico corroborador de la prueba indiciaria de la autoría o de la participación en un delito, el que consiste en la huída del acusado del lugar de su comisión, cuando, atendidas las circunstancias del caso, carece de explicación alternativa razonable a la que es propia de quien simplemente intenta eludir las correspondientes responsabilidades por el delito cometido (SSTS 2.ª 911/2002 de 23 may., 540/2005 de 29 abr. y 219/2006 de 21 feb.), especialmente cuando es al extranjero (STS 2.ª 1338/2003 de 15 oct.).

5. Por si ello fuera poco, el Jurado tuvo por probada la existencia de un sentimiento de encono o animadversión entre el acusado y la víctima -que el acusado sintomáticamente se empeña en negar-, tanto por haberlo descrito el testigo que presenció la agresión (" Torero ") en su declaración preconstituida, como por haberlo referido así en el juicio oral el hermano del fallecido (Felix), que a su vez lo supo, no por dicho testigo -como pretende hacernos creer el recurrente-, sino directamente por su propio hermano asesinado, que le llamó por teléfono "el día antes... por la noche", para decirle que "había dos personas que le daban problemas en el piso" y que una de esas personas era el acusado, a quien el hermano conocía como " Birras " y al que reconoció fotográficamente en la comisaría de policía, llegando a expresarle el muerto un sentimiento de "miedo" hacia él y hacia su acompañante (" Chato ").

Téngase en cuenta que la enemistad previa entre acusado y víctima, cuando se integra de forma natural en la motivación del delito -como sucede en los delitos contra las personas-, es también considerado habitualmente un indicio, bien de la intención homicida (STS 2.ª 1057/2000 de 14 jun. y 363/2004 de 17 mar.), bien de la autoría o participación del delito (STS 2.ª 617/2009 de 3 jun. y 1324/2009 de 9 dic.).

Quinto.-1. Las anteriores consideraciones convierten en irrelevantes las alegaciones contenidas en el recurso sobre la invalidez del testimonio de referencia prestado en el juicio oral por el modo d'esquadra núm. [...] -las mismas consideraciones abarcan el testimonio del mosso núm. [...], instructor del atestado-, que fue quien se encargó de tomarle declaración en la Comisaría de Policía a otro testigo presencial de los hechos (Nazario) y que, al no poder ser localizado éste para que testificar ante el Jurado, se encargó de referir él mismo su declaración, tomada sin participación de la defensa del acusado el 30 de junio de 2008 (folio 172 y siguientes del rollo del Tribunal del Jurado).

2. De todas formas, no es cierto -como afirma el recurrente- que el Tribunal del Jurado no hiciera todo lo posible porque este testigo acudiera al acto de la vista del juicio oral.

Por lo pronto, intentó repetidamente citarlo para el acto de la vista en el domicilio que había facilitado en España (folios 41 y 92 del rollo del Tribunal del Jurado) y, ante lo infructuoso del intento, procuró localizarlo consultando los registros oficiales en los que pudiera obtenerse información (folios 36, 37, 38, 44, 45, 65, 97, 99, 125 y 129 del mismo rollo) y oficiando a la Policía con el mismo fin (folios 49, 95 y 100 del mismo rollo) e, incluso, dio puntual cuenta a las partes de lo negativo de las gestiones "para su conocimiento" (folio 52), sin que por ninguna de ellas se hiciera ninguna observación, sugerencia o petición al respecto.

Finalmente, puesto que el testigo había designado también un domicilio en la localidad francesa de Perpiñán, se remitió con una razonable antelación (01/02/10) una Comisión rogatoria a la Cour d'Appel de Montpellier, para disponer su citación por las autoridades francesas para la sesión del juicio del día 16 de febrero, haciendo constar que se trataba de uno de los supuestos excepcionales previstos en el art. 5 del Convenio de 29 de mayo de 2000, de Asistencia Judicial en materia Penal entre los Estados de la Unión Europea, por tratarse de un domicilio incierto y precisar la entrega de la citación de la debida acreditación. Por ello, no puede considerarse de recibo la observación vertida en la contestación a la Comisión remitida por el Procureur General de la Cour d'Appel de Montpellier, conforme a la cual hubiera sido posible la remisión de la citación por correo postal.

3. Así las cosas, es preciso tener en cuenta que nuestro sistema procesal admite de manera expresa la figura del testigo de referencia (art. 710 LECrim), siendo aquella persona que no proporciona datos obtenidos por la percepción directa de los acontecimientos, sino la versión de lo sucedido obtenida a través de manifestaciones o confidencias de terceras personas. Ahora bien, la jurisprudencia del TS advierte que la naturaleza indirecta de su testimonio, que no versa sobre los hechos objeto de enjuiciamiento sino sobre la credibilidad o fiabilidad, por lo general, de otro testimonio, obliga a limitar su eficacia probatoria a este concreto aspecto.

Por ello, nada impide que pueda ser valorado como prueba de cargo "cuando sirva para valorar la credibilidad y fiabilidad de otro testigo -por ejemplo testigo de referencia que sostiene sobre la base de lo que le fue manifestado por un testigo presencial, lo mismo o lo contrario, o lo que sostiene otro testigo presencial que si declara en el plenario-, o para probar la existencia o no de corroboraciones periféricas -por ejemplo, para coadyuvar a lo sostiene el testigo único-", sin perjuicio de que pueda valorarse como cualquier otro testigo, "en lo que concierne a hechos objeto de enjuiciamiento que haya apreciado directamente y a hechos relativos a la validez o fiabilidad de otra prueba" (SSTS 2.ª 612/2005 de 12 may., 957/2007 de 28 nov., 51/2008 de 6 feb., 817/2008 de 11 dic.),

Esto es lo que ha sucedido en el presente caso, por lo que en atención a lo razonado aquí y en los anteriores fundamentos se impone la desestimación del único motivo del recurso de apelación.

VISTOS, los preceptos legales citados y demás de aplicación.


PARTE DISPOSITIVA


 
DESESTIMAMOS íntegramente el recurso de apelación interpuesto por el procurador de los tribunales Sr. D. Andreu Oliva Basté, en nombre y representación de Celso, contra la sentencia dictada en fecha 18 de marzo de 2010 en el Procedimiento de Jurado núm. 16/2009, dimanante de la Causa de Jurado núm. 1/2008 del Juzgado de Instrucción núm. 6 de Barcelona, la cual CONFIRMAMOS íntegramente, sin hacer especial pronunciamiento en materia de costas.

Notifíquese la presente resolución a las partes personadas y al acusado, haciéndoles saber que contra la misma cabe recurso de casación ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo en los términos que previene el art. 847 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Así por esta sentencia, lo pronuncian, mandan y firman la presidenta y los magistrados expresados al margen.

Publicación.-Esta Sentencia ha sido leída, firmada y publicada el mismo día de su fecha; doy fe.


Este documento reproduce el texto oficial distribuido por el Centro de Documentación Judicial (CENDOJ). Lex Nova se limita a enriquecer la información, respetando la integridad y el sentido de los documentos originales.
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