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Sentencia A.P. Madrid 656/2010 de 10 de junio


 RESUMEN:

Alega el apelante que ha existido error en la valoración de la prueba ya que la imprudencia juzgada es una imprudencia simple, ya que él sí que tomó en consideración la hipersensibilidad a la aspirina que padecía el paciente. El tribunal acuerda desestimar el recurso puesto que la imprudencia debe ser considerada como grave, pues pudo costarle la vida al paciente de no ser tratado a tiempo del shock anafiláctico que sufrió, como también corroboró el forense en su pericia. En cuanto a la gravedad de la imprudencia, se ha considerado que no es una imprudencia común, si no una imprudencia profesional.

SECCION DÉCIMO SÉPTIMA

Rollo de Apelación n.º 160/10 RP

Juzgado Penal n.º 1 de Madrid

Juicio Oral 220/07

SENTENCIA NÚMERO 656/10

ILTMOS. SRES. MAGSITRADOS:

DON RAMIRO VENTURA FACI

DÑA. MARIA JESUS CORONADO BUITRAGO

DÑA. ROSA BROBIA VARONA.

En Madrid, a diez de junio de octubre de dos mil diez

Vistos por esta Sección de la Audiencia Provincial de Madrid, en grado de apelación, el Juicio Oral 220/07 procedente del Juzgado de lo Penal n.º 1 de Madrid seguido por delito de lesiones imprudentes profesionales, siendo partes en esta alzada como apelante el Procurador Sr. Ruiperez Palomino en representación de Bernardo, y como apelado el Ministerio Fiscal y el Procurador Sr. Otones Puentes en representación de Cesar. Ha sido Ponente la Magistrada Suplente Sra. ROSA BROBIA VARONA que expresa el unánime parecer de la Sala.


ANTECEDENTES DE HECHO


 
Primero.-Por la Magistrada del Juzgado de lo Penal núm. 1 de Madrid, en el procedimiento que más arriba se indica, se dictó sentencia, de fecha 28 de diciembre de 2009, aclarada por auto de quince de marzo de dos mil diez. En la parte dispositiva de la sentencia se establece: "...Fallo: Que debo CONDENAR Y CONDENO a Bernardo, en quien no concurren circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, como autor de un DELITO DE LESIONES POR IMPRUDENCIA, a la pena de PRISIÓN DE TRES MESES, con la accesoria de inhabilitación para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de condena e INHABILITACIÓN PARA EL EJERCICIO DE LA MEDICINA por tiempo de UN AÑO, debiendo indemnizar a D. Cesar en la cantidad de MIL OCHENTA Y CINCO EUROS (1.085 euros) por las lesiones sufridas, con la responsabilidad civil subsidiaria de la compañía de seguros Sanitas Seguros S.A. y al pago de las costas procesales, incluidas las de la Acusación Particular, si las hubiere..".

Segundo.-Notificada dicha sentencia a las partes personadas, por la representación de Bernardo, se formalizó el recurso de apelación, quien hizo las alegaciones que se contienen en su escrito de recurso, y que aquí se tienen reproducidas.

Del escrito de formalización, se dio traslado por el Juez de lo Penal por el plazo de diez días comunes para que pudiesen adherirse o impugnarlo, recurso que ha sido impugnado el Ministerio Fiscal y por el Procurador Sr. Otines Puentes en representación de Cesar.

Tercero.-Recibidas las actuaciones en esta Audiencia Provincial se formó el correspondiente rollo de apelación, no entendiéndose necesaria la celebración de vista, por lo que se señaló día para la deliberación y resolución del recurso, acto que tuvo lugar el día 7/06/10.


HECHOS PROBADOSSe aceptan y dan por reproducidos íntegramente los que como tales figuran en la sentencia apelada.


FUNDAMENTOS DE DERECHO


 
Primero.-Alega el apelante que ha existido error en la valoración de la prueba ya que la imprudencia juzgada es una imprudencia simple, ya que él sí que tomó en consideración la hipersensibilidad a la aspirina que padecía el Sr. Cesar, pero al referirle éste que habitualmente tomaba Voltarén, le recetó un medicamento con un compuesto similar al Volterén. Añade que el juzgador no ha tenido en cuenta la declaración del acusado. Por otra parte entiende que no se trata de una imprudencia profesional sino simple ya que la profesional se basa en una autentica impericia, no siendo esa la calificación realizada por el Dr. Bernardo ya que aplicó en todo momento sus conocimientos de medicina.

Alega que la medicina no es una ciencia exacta y que está sometida a imprevistos de todo orden relacionados con el funcionamiento del cuerpo humano, y solo se producirá la quiebra de la lex artis cuando el tratamiento efectuado incida en conductas desviadas de las que resulte un proceder irreflexivo cuando haya falta de adopción de cautelas de generalizado uso o la ausencia de pruebas, investigaciones o verificaciones precisas imprescindibles para seguir el curso del estado del paciente. Entiende el apelante, que nada ha quedado probado sobre las malas praxis del Dr. Bernardo, que no toda negligencia es constitutiva de lícito penal, y en todo caso sería una mera imprudencia de falta.

Segundo.-En primer lugar basa el apelante todo su recurso en que tenía perfecto conocimiento de que el paciente era alérgico al ácido acetil salicílico, pero que el propio paciente le dijo que solía tomar Voltarén sin reacción alguna, y que por ese motivo le recetó un fármaco con su misma composición. Sin embargo este hecho no ha quedado en absoluto acreditado. El denunciante desde la instrucción manifestó que lo primero que hizo fue advertirle que era alérgico al ácido acetil salicílico y a sus derivados. Así mismo ya en instrucción, manifestó que en absoluto le dijo que estaba tomado Voltaren para la inflamación de su tobillo. En el acto del juicio oral vino a ratificar esto. Negó en rotundo que estuviera tomando nada, ni que le dijera al doctor que estaba tomado Voltaren, incluso dijo que desconocía dicho medicamento. El abogado de la defensa le preguntó si había leído el prospecto del medicamento antes de tomarlo, y dijo el testigo que sí pero que él no entendía lo que en él se decía referente a la hipersensibilidad con el diclofenaco sódico de su compuesto, que él no era médico y que en aquel momento se fió de lo que el doctor le recetó, ya que él le advirtió de su hipersensibilidad con la composición de la aspirina. También manifestó que desde entonces cualquier cosa que le puedan recetar no lo toma hasta que su alergólogo le autoriza a ello, para que no le vuelva a ocurrir algo semejante.

El Dr. Bernardo en el acto del juicio oral manifestó que en efecto anotó en el parte médico que su paciente era alérgico al ácido acetil salicílico, pero no anotó la medicación que según él le dijo que estaba tomado.

Por lo tanto lo manifestado por el testigo perjudicado se ha mantenido en el tiempo sobre el hecho de que él no estaba tomado Voltaren. Es más, la reacción anafiláctica se produjo a las 1:51 de la madrugada, cuando estuvo en la consulta del acusado a medio día del día anterior. El Sr. Cesar explicó que no se tomó la medicación hasta por la noche cuando llegó a su casa, ya que ese día estaba ingresado un hijo suyo en el hospital y estuvo todo el día fuera de casa, así que esperó hasta la noche para tomar la medina que le habían recetado después de cenar, con el estómago lleno. Por lo tanto, de estar tomado previamente ese mismo compuesto el shock anafilactico se le tuvo que producir antes de esa hora. Por otra parte si como se ha visto, el Sr. Cesar es sensible también a ese compuesto -íntimamente relacionado con el ácido acetil salicilico, como dijo el médico forense- de haberlo tomado antes, antes se le hubiese producido la mencionado reacción alérgica pues la medicina recetada tenía la misma composición que el Voltaren, según dijeron los doctores. Por lo tanto no ha quedado acreditado el pretendido descargo del acusado.

En cuanto a la gravedad de la imprudencia, debemos decir que la que aquí se enjuicia no es una imprudencia común, si no una imprudencia profesional. Así el Tribunal Supremo viene manteniendo que lo que distingue la culpa común de la profesional es que la segunda es la cometida en el ejercicio de su arte u oficio. Es aquella en la que el agente activo pese a ostentar un título que le reconoce su capacidad científica o técnica para el ejercicio de la actividad que desarrolla, contradice con su actuación aquella presunta competencia, ya porque en su origen no adquiriese los conocimientos precisos, ya por una inactualización debida, ya por una dejación inexcusable de los presupuestos de la lex artis de su profesión.

Así las cosas, el perito médico forense aclaró en sus informes y en el acto del juicio oral que el Voltaren y el Formulen con antinflamatorios no esteroideos cuya composición es el diclofenaco sódico que está contraindicado en pacientes con hipersensibilidad a ese compuesto y en los que la administración de aspirina (ácido acetil salicílico) haya desencadenado ataques de asma. Parece ser que esta interrelación de estos dos medicamentos es conocida por los prácticos de la medicina, conocimiento de la ciencia que no puso en duda el acusado. Tampoco se puede decir, como pretendía la defensa del acusado, que sea el propio paciente el que detecte dicha interrelación al leer el prospecto, puesto que el paciente es lego en medicina y no tiene porqué saber las interacciones entre distintos medicamentos. Si bien, al ser conocedor de su hipersensibilidad a la aspirina y sus compuestos, que le provocan crisis asmáticas, lo puso en conocimiento del doctor.

Esta imprudencia consistente en obviar esta interrelación entre medicamentos contraindicados para las personas asmáticas e hipersensibles a ellos, es propia de su profesión, debió conocerlo y aplicar dichos conocimiento. La imprudencia debe ser considerada como grave, pues pudo costarle la vida al paciente de no ser tratado a tiempo del shock anafiláctico que sufrió, como también corroboró el forense en su pericia.

Todas estas pruebas se practicaron en el acto de juicio bajo los principios de oralidad, inmediación, contradicción y defensa. El Magistrado de lo Penal ha valorado conjuntamente la prueba practicada y ha llegado a una conclusión condenatoria sobre la base de las pruebas practicadas, por lo que su resolución no se puede tildar de arbitraria, compartiendo la valoración que de la misma hace el juzgador.

Plantea el recurrente una cuestión relativa a la valoración de la prueba, a través de la que pretenden imponer otro criterio del adoptado por el juez a quo. Entendemos que la valoración del juzgador resulta perfectamente razonable y las alegaciones del recurrente no demuestran que sea errónea.

Así mismo entendemos, como hemos expuesto, los hechos probados han sido correctamente calificados.

Por todo lo que debemos desestimar el recurso de apelación interpuesto por el Sr. Bernardo confirmando la resolución recurrida.

Tercero.-Conforme a lo dispuesto en el art. 240.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, procede declarar de oficio las costas procesales causadas en esta alzada.


FALLAMOS


 
Que debemos desestimar y desestimamos el Recurso de Apelación interpuesto por el Procurador Sr. Ruiperez Palomino en representación de Bernardo contra la sentencia dictada por el Juzgado de lo Penal n.º 1 de Madrid en Procedimiento Abreviado 220/07 de fecha veintiocho de diciembre de dos mil nueve.

Se declaran de oficio las costas de esta segunda instancia.

Contra esta sentencia no procede recurso alguno, salvo el de revisión, en su caso.

Devuélvanse las actuaciones al Juzgado de su procedencia, con testimonio de esta Sentencia, para su conocimiento y ejecución.

Así por esta nuestra sentencia, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

Publicación.-Dada, leída y publicada la anterior sentencia por la Ilma. Sra. Magistrada Ponente que la firma, estando celebrando Audiencia Pública en el día veintinueve de junio de dos mil diez, de lo que doy fe.


Este documento reproduce el texto oficial distribuido por el Centro de Documentación Judicial (CENDOJ). Lex Nova se limita a enriquecer la información, respetando la integridad y el sentido de los documentos originales.
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